Artículo Original: Liza Reznikova / Antifashist
Desde hace tres largos años, Donetsk vive en guerra. Durante este tiempo, gracias al Ejército Ucraniano, se han destruido o dañado en la ciudad 8.500 viviendas. Algunas de ellas están situadas en la localidad de Trudovsky, al oeste de Donetsk. Junto al voluntario de Donetsk Andrey Lysenko, visito a menudo esta localidad. Y en prácticamente cada visita encontramos que alguna vivienda, prácticamente intacta un par de días antes, ha quedado destrozada por un proyectil ucraniano lanzado por la noche. Cada día, el número de viviendas destrozadas aumenta más y más. Esta es la imagen que Trudovsky tiene ahora.
Las paredes de las casas tienen el aspecto de un colador: hay pequeñas marcas de las balas [por la escasa distancia a las posiciones ucranianas, la zona está en el rango de tiro de los francotiradores de la otra línea del frente-Ed] y grandes agujeros de los fragmentos de las bombas. Las constantes explosiones, que hacen temblar la tierra, han hecho que las paredes se agrieten.
Vallas de metal también agujereadas por las balas y la metralla y dañadas por las explosiones.
Lo que queda de las vallas cubierto con los restos de ventanas y tejados.
El tejado es un concepto que ha desaparecido en el pueblo. No hay uno solo que esté intacto. Los que milagrosamente se han mantenido parcialmente, parecen un puzle improvisado: ahora la población tapa los agujeros con cualquier material que cae en sus manos: desde polietileno o trozos de las viejas tejas, restos de las vallas destrozadas o cualquier tipo de tela.
Pero lo más común es que los tejados hayan caído o que estén completamente destrozados.
Una vez hubo aquí un garaje. Un impacto directo de un proyectil ucraniano lo destruyó completamente, al igual que el coche. Ahora solo quedan las paredes.
Muchas de las viviendas de la ciudad están completamente destruidas o quemadas. A través de las paredes caídas y el desaparecido tejado ha crecido la hierba y los árboles. Algunas viviendas abandonadas no podrán ser reparadas. Los caminos que llevan a ellas están cubiertos de hierbas que han crecido hasta la altura de un hombre.
En algunos terrenos aún se encuentran los destrozados coches, quemados o llenos de balazos.
Iconos en las ventanas justo al lado de proyectiles sin explotar.
En uno de los patios abandonados encontramos un reloj de pared. Sus agujas se detuvieron a las 3:26 de la tarde. Fue en julio de 2014. Desde entonces, el reloj no se ha movido. El tiempo se ha detenido en este lugar. Sin embargo, la vida ha seguido su curso. La localidad vive en una sangrienta atemporalidad.
En este cuarto año de guerra.
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