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Ucrania exige concesiones a su enemigo y a su aliado

Han pasado apenas unos días desde el final del Foro de Davos, una edición celebrada en plena disputa occidental por la cuestión de Groenlandia, que hizo de la cumbre una forma de terapia colectiva para determinar qué hacer, ya sea para salvar el orden internacional basado en reglas, el orden de 1945 que “ha dado ocho décadas de paz” a los países occidentales –que no han dudado en infligir la guerra y la agresión sobre otros países- o para buscar la mejor manera de sustituirlo. Las declaraciones que han realizado los y las diferentes oficiales occidentales los días anteriores al inicio ayer de la Conferencia de Seguridad de Múnich indican que el proceso continúa y que la agenda seguirá esa misma lógica. El caso más claro es, sin duda, el de Macron, que en una extensa conversación mantenida con varios de los medios escritos más importantes del continente, explicó que Europa –es decir, la Unión Europea, Reino Unido y Noruega- ve cómo se ponen en duda tres aspectos que consideraba certezas. Según el presidente francés, la construcción europea se ha sustentado sobre la base de que Estados Unidos se encargaría de la seguridad, Rusia suministraría energía barata y China sería un mercado interminable para la exportación. En este momento en el que las tres certezas han desaparecido, los países europeos buscan su camino para convertirse en una potencia geopolítica para la nueva era. Esta semana, Francia por un lado y Alemania e Italia por otro, han presentado sus propuestas, una lucha entre un modelo de endeudamiento e inversión común basado en la “protección, no proteccionismo” propuesto por Macron y la desregulación y atlantismo de Merz y Meloni. El debate se encuentra aún en su fase inicial y aunque promete una lucha política entre dos posiciones encontradas, hay una certeza: todos los bandos, a excepción de las habituales excepciones, consideran la guerra de Ucrania como el proyecto geopolítico con el que la Unión Europea debe mostrar su carta de presentación. En plena negociación en busca de una resolución política al conflicto, la guerra de Ucrania será, junto a la relación con Estados Unidos, uno de los temas protagonistas de la cumbre de Múnich.  

Cargado con una intensa agenda, Volodymyr Zelensky llegó ayer a Múnich anunciando reuniones bilaterales con Friedrich Merz, la primera ministra danesa Mette Frederiksen, el presidente finlandés Alxander Stubb, tres de sus principales patrocinadores, pero también con Reza Pahlavi, hijo del último shah de Persia y aspirante a convertirse en el Juan Guaidó de Irán. El enemigo común, Irán, que Zelensky vincula directamente a Rusia por la colaboración militar entre los dos países, une a los proxis occidentales, cuyo discurso resulta indistinguible.  

Antes de todas esas reuniones, Zelensky ha querido comenzar la gira celebrando la producción conjunta entre Ucrania y Alemania. En el cuidado mundo de las giras internacionales de Zelensky siempre hay grandes anuncios y buenas noticias que enviar a su población, que sigue padeciendo el frío causado por los ataques rusos y la incapacidad de Ucrania de reparar las instalaciones. “Hoy recibí el primer dron de ataque de producción conjunta. Se trata de tecnología ucraniana moderna, probada en combate, impulsada por IA. Atacará, explorará y protegerá a nuestros soldados. Este año, 10.000 drones fabricados aquí se destinarán a Ucrania”, escribió ayer. Este tipo de producción conjunta cumple una doble tarea: la obtención de armas necesarias para el ejército ucraniano y la integración de Ucrania en la producción militar occidental, considerada un paso más en la integración política del país tanto en la Unión Europea como en la OTAN. 

Tras su comentado discurso de Davos, en el que optó por halagar a Donald Trump y criticar duramente a sus aliados europeos, principales proveedores del Estado ucraniano y de su ejército, Volodymyr Zelensky pronunciará su discurso hoy al mediodía, una intervención muy esperada teniendo en cuenta que la negociación con Estados Unidos y Rusia se encuentra en su fase más decisiva. Ayer, Rusia confirmó que la siguiente ronda de negociaciones se realizará la próxima semana. La nueva cumbre se producirá en Ginebra y no en Estados Unidos, como había exigido Washington y deseaba Ucrania, que busca negociar siempre o con la ayuda de sus aliados europeos o en territorio que considera favorable. Estos últimos días, contradiciendo el discurso de Kaja Kallas, que en una entrevista afirmó que Rusia no tiene “gente seria” en su representación, incluso Kirilo Budanov ha insistido en la seriedad con la que las dos delegaciones han tratado los temas durante los dos primeros encuentros.  

Las dos reuniones que se han producido hasta el momento han tratado, según han explicado quienes han conocido algún detalle, aspectos militares del día después de un posible alto el fuego y se han producido en el marco del acuerdo “al 100%” entre Estados Unidos y Ucrania sobre las garantías de seguridad. Sin embargo, como recordaba el experto de RAND Samuel Charap, que tuvo acceso a los documentos de trabajo de la negociación de Estambul y siempre ha defendido aquella minuciosa labor de detalles militares como base para una futura resolución, “un plan acordado que no involucre a uno de los beligerantes no es un plan acordado”. Así lo ha recordado esta semana la Federación Rusa, cuyo ministro de Asuntos Exteriores ha denunciado la presión económica estadounidense y ha dejado claro que la postura de Moscú sobre las condiciones de seguridad de Ucrania más allá de la guerra no ha cambiado. Como hasta ahora, el Kremlin insiste en una estructura de seguridad europea que no esté basada en la eterna expansión de la OTAN, objetivo que choca con la ambición ucraniana de cumplir lo que Petro Poroshenko incluyó en el preámbulo de la Constitución para oficializar la idea del inevitable camino euroatlántico de Ucrania 

La disputa por la cuestión de la seguridad es también la principal preocupación de Ucrania. “Sin importar el riesgo de perder la atención de Trump como mediador, el líder ucraniano afirma que se mantendrá firme en su demanda principal: el primer paso hacia la paz debe ser una garantía por parte de Estados Unidos y Europa de que, una vez que se establezca el alto el fuego, defenderán a Ucrania contra cualquier ataque futuro de Rusia. De lo contrario, el alto el fuego carecería de valor para muchos ucranianos, ya que solo daría a Rusia la oportunidad de prepararse para otra invasión”, escribe el periodista estadounidense Simon Shuster en una entrevista publicada esta semana. Como indica el periodista, Zelensky muestra su voluntad de persistir en la lucha y rechaza modificar sus exigencias. Para evitar las consecuencias de ser vista como un obstáculo para la paz, Ucrania ha utilizado, como admite Shuster, una táctica que siempre estuvo clara. Kiev ha escogido “la táctica que hemos elegido es que los estadounidenses no piensen que queremos continuar la guerra”, afirma Zelensky.  

«Por eso hemos empezado a apoyar sus propuestas en cualquier formato que acelere las cosas», añade el presidente ucraniano que, sin embargo, mantiene las principales demandas a su enemigo, el alto el fuego como prerrequisito para un acuerdo, y a su aliado, de quien espera el compromiso de ir a la guerra con Rusia en caso de agresión y la firma inmediata de ese acuerdo de paz que no tiene en cuenta la opinión del otro lado. “Pero los negociadores han avanzado menos en esta cuestión de lo que Zelensky ha dado a entender”, explica Shuster, que añade que “a finales del mes pasado, afirmó que el acuerdo sobre las garantías de seguridad de Estados Unidos estaba «100 % listo» para que Ucrania lo firmara. «Estamos esperando a que nuestros socios confirmen la fecha y el lugar en que lo firmaremos», declaró a los periodistas en una rueda de prensa”. Como confirma el periodista, “la invitación nunca llegó”. 

Pese al trabajo aparentemente constructivo, todo, incluidos los términos del acuerdo de garantías de seguridad de Estados Unidos, sigue en el aire. Ayer, las noticias que llegaron desde Rusia incomodaron a Ucrania, que había apreciado notablemente la ausencia de Vladimir Medinsky, líder de la delegación ucraniana en las negociaciones de Estambul. Su retorno es una señal clara de Moscú de que se aproxima un momento político en el que no van a negociarse únicamente aspectos militares y técnicos sobre la gestión de un futuro alto el fuego.  

Acostumbrado a aferrarse a sus exigencias y seguir repitiéndolas en el tiempo hasta conseguirlas, Zelensky llegó a Múnich con sus dos exigencias intactas: garantías de seguridad y adhesión política. Como volvió a insistir ayer, el presidente ucraniano exige a sus aliados continentales una fecha clara para la entrada de Ucrania en la Unión Europea. Tanto Zelensky como el ministro Sibiha han dejado claro Kiev espera que la adhesión se oficialice en 2027, una demanda que requeriría una adhesión privilegiada sin haber cumplido con las condiciones que se exige a otros países o el acceso light según el cual Ucrania sería oficialmente miembro de la UE, por lo que Bruselas ya no podría echarse atrás, pero que no garantizaría prácticamente ninguno de los derechos que implica la pertenencia al bloque. Como hasta ahora, la exigencia a Washington va más allá de la firma de las garantías de seguridad y se extiende a la demanda de más armas y, sobre todo, más sanciones contra Moscú. Todo ello bajo una advertencia que es, en realidad, una amenaza velada. “Zelensky me dijo que preferiría no aceptar ningún acuerdo antes que obligar a su pueblo a aceptar uno malo. Incluso después de cuatro años de intensa guerra, afirma estar dispuesto a seguir luchando si eso es necesario para asegurar una paz digna y duradera”, escribe Shuster. Zelensky continúa dispuesto a seguir luchando mientras sea necesario, es decir, hasta que sus aliados le garanticen las condiciones que les exige.  

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