“El Presidente Volodymyr Zelensky imploró el jueves a los representantes de unos 50 países que mantuvieran su apoyo militar a la guerra que Ucrania mantiene desde hace casi tres años con Rusia, afirmando que «sería una locura dejar caer la pelota ahora»”, escribía el jueves The New York Times para describir la llamada del presiente ucraniano a continuar, si no aumentar, el apoyo de los países occidentales en el esfuerzo militar común. “Rusia ha sufrido más de 700.000 bajas en Ucrania. Eso es más de lo que Moscú ha soportado en todos sus conflictos desde la Segunda Guerra Mundial combinados. Algunas bajas en Ucrania superan ahora dos tercios de la fuerza total del ejército ruso al comienzo de la guerra elegida por Putin. Solo en noviembre de 2024, Rusia perdió casi 1500 soldados al día”, afirmó Lloyd Austin, secretario de Defensa de Estados Unidos, en un vídeo publicado en las redes sociales en el que, pese al estado actual del mundo, intenta jactarse de los éxitos de la política estadounidense en la era Biden. Austin añade también la caída del rublo, da una imagen de una economía rusa colapsada y un país aislado, eslóganes habituales, como lo es también el de las inmensas bajas rusas y el silencio sobre las ucranianas. Con sus declaraciones, Zelensky y Austin parecen dibujar una situación en la que Ucrania está saliendo reforzada y Rusia se encuentra al borde del abismo. El jefe del Pentágono lo hace de forma aún más explícita al referirse a la presencia de tropas norcoreanas en el frente de Kursk como una “señal de desesperación de Putin”.
El eje de la política militar y mediática de Ucrania y sus aliados sigue siendo el mismo: edulcorar la gravedad de la situación de las tropas ucranianas en Donbass, exagerar los éxitos en Kursk (donde Rusia avanza incluso en los lugares en los que Ucrania lanzó hace una semana una contraofensiva), enaltecer el papel de Kiev en el orden internacional basado en reglas, demonizar la actuación rusa, incrementar el uso de sanciones para intentar lograr el aislamiento que no consiguen y exigir más movilización económica y militar de asistencia para continuar luchando. Además de los 500 millones de dólares del previsiblemente último paquete de asistencia militar de la admiración Biden, Ucrania ha obtenido de Japón, otro de sus aliados prioritarios, 3.000 millones de dólares procedentes de los activos rusos incautados en ese país, algo que reúne dos de las herramientas favoritas de Ucrania, las sanciones contra Rusia y la asistencia económica.
Tras su visita a Alemania para la cumbre en la base militar de Rammstein, Zelensky continuó su viaje a uno de los destinos más frecuentados por el líder ucraniano, Italia, donde no se privó de palabras para enaltecer a Georgia Meloni. La primera ministra italiana demuestra con su ascenso como una de las figuras de referencia de la política europea cuál es la línea que separa a las extremas derechas inaceptables y contra las que hay que luchar de aquellas que es preciso normalizar: su actitud hacia la OTAN, su participación en la lucha contra los enemigos comunes y el compromiso por la imposición del modelo económico neoliberal. “Estamos agradecidos por el apoyo del gobierno italiano y por los paquetes de apoyo a Ucrania, tanto en términos de apoyo a nuestro ejército, como a nuestra resistencia y en términos de apoyo humanitario a nuestro pueblo”, afirmó Volodymyr Zelensky, que recordó que será en Italia donde se celebre la edición de este año de la “conferencia de reconstrucción”. Celebrada en años anteriores en el Reino Unido y Alemania, esta serie de cumbres se ha planteado como una forma de financiar la futura reconstrucción física, política y económica del país desde la lógica de la inversión extranjera y la colaboración público-privada, es decir, la privatización.
En Italia, Zelensky fue entrevistado por RAI 1, donde el presidente ucraniano volvió a insistir en los temas clave del año. En el discurso occidental actual no sorprende que la misma persona que insiste repetidamente en la necesidad del aumento del flujo de suministro militar para lograr la victoria contra un enemigo que, dependiendo de las necesidades de la propaganda es el segundo ejército más potente del mundo o se encuentra al borde del colapso, se presente a sí mismo como un presidente de paz. “Nuestros hijos están superando estos desafíos injustos, es terrible ver cómo nuestros hijos crecen durante la guerra”, afirmó Zelensky, cuya presidencia desde 2019 se ha producido íntegramente en guerra. La mención a la tragedia de la guerra no ha de ser entendida como una apelación a la paz. Quienes estudian este año sexto curso de primaria en la región de Donbass han vivido toda su vida en un conflicto bélico que Zelensky, al igual que su predecesor, prefirió mantener activo hasta poder conseguir sus objetivos.
Algo similar ocurre ahora, con una guerra mucho más destructiva y sangrienta en la que ambos países deben ser conscientes de que no van a poder obtener todo lo que buscan. En la rueda de prensa en la que se anunciaban las nuevas sanciones contra el sector energético ruso, John Kirby, veterano de la comunicación de la política estadounidense en esta guerra, afirmó que las medidas no se han tomado “con la expectativa de que se convirtiera en una moneda de cambio que pudiera retirarse de la mesa cuando Ucrania quisiera sentarse a esta mesa de negociaciones. Ahora no se espera que ninguna de las partes esté dispuesta a negociar”. En realidad, Rusia no solo ha mostrado su interés por negociar, sino que ve en las reticencias de Donald Trump y su equipo a la excesiva expansión de la OTAN una oportunidad de pactar el aspecto más importante, el de la seguridad. Según Financial Times, “el objetivo principal de Putin en cualquier negociación es un nuevo acuerdo de seguridad que garantice que Ucrania nunca se unirá a la OTAN y que la Alianza se retire de algunos despliegues en el este”. Es altamente improbable que Rusia sea capaz de obtener algo tan beneficioso -incluso a costa de devolución de parte de los territorios ucranianos ahora bajo su control-, no solo porque supondría entregar a Moscú una victoria, sino porque el rechazo del entorno de Trump a la OTAN es algo construido por los medios y no se basa en la postura real del presidente electo o su entorno. El trumpismo busca reducir costes y compromisos, no eliminar una alianza cuya labor principal es mantener un bloque hegemónico proestadounidense en el continente europeo.
Ucrania parece haber aceptado ya que, incluso con el multimillonario apoyo de sus aliados, no dispone de la fuerza necesaria para conseguir sus dos objetivos, la recuperación de al menos los territorios perdidos desde la invasión rusa y la entrada en las estructuras militares y de seguridad de los países occidentales. A la hora de elegir entre la recuperación de los territorios a cambio de concesiones políticas y la continuación de la guerra, tanto en Minsk como en Estambul Kiev eligió seguir luchando con la esperanza de conseguir una posición más fuerte que le permitiera no tener que renunciar a nada. La llegada de Trump, que ha hecho de la necesidad de detener la guerra uno de sus lemas de política exterior y se ha comprometido de forma pública a lograrlo, dificulta la continuidad del statu quo y obliga a Zelensky a recuperar la idea de la paz como objetivo y, sobre todo, a evitar ser visto como un obstáculo para conseguirlo. “Para nosotros es muy importante que llegue la paz”, afirmó Zelensky. Como siempre, esa paz está siempre condicionada y no es el objetivo prioritario. “Antes de ponernos de acuerdo en algo”, afirmó en relación a una futura negociación con Rusia, “debemos definir las garantías de seguridad para Ucrania y para Europa”. Equiparando a su país con el continente como herramienta para incluir a Ucrania en una arquitectura de seguridad común, altamente militarizada y construida directamente contra Moscú, Zelensky deja claro cuál es su versión de paz y, ante todo, de la negociación, que ha de realizarse primero con Estados Unidos, después con la Unión Europea y finalmente con el enemigo ruso.
La paz de Zelensky no precisa de diplomacia, diálogo y negociación con su oponente, sino con sus aliados, que han de aportar lo que Ucrania exija para que esos términos puedan ser posteriormente trasladados a la delegación rusa, cuyo papel no será el de negociar sino simplemente aceptar. “Nuestro sueño es obtener estas garantías [de seguridad] este año y poner fin a la guerra este año. Haremos todo lo posible para conseguirlo”, afirmó el presidente ucraniano, dispuesto a aceptar la paz una vez que haya conseguido algo que Estados Unidos nunca ha estado dispuesto a ofrecerle. John Kirby tiene razón y no existen actualmente las condiciones para una verdadera negociación capaz de llegar a un entendimiento que detenga la guerra y ponga fin al conflicto.
Comentarios
Aún no hay comentarios.