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Economía, Industria, Infraestructura, Oligarquía, Rusia, Ucrania

Agonía y muerte de los astilleros del mar Negro

Artículo Original: Colonel Cassad

La agonía del Astillero del Mar Negro ha sido larga. Fue declarado en bancarrota en el verano de 2008, cuando el tribunal de la región de Nikolaev completó el procedimiento de rehabilitación y sentenció que el astillero fundado en 1897 debía ser destruido. Tres años después, el 5 de julio de 2021, la liquidadora del astillero, Olga Protasova, ha dado carpetazo al destino de la empresa: según su informe, todas las actividades económicas y empresariales del astillero están paralizadas, toda la plantilla ha sido despedida, se ha realizado un inventario completo de los activos en bancarrota, todas las propiedades han sido evaluadas y vendidas para pagar las deudas.

Para comprender lo que Ucrania ha perdido, es preciso recordar que el primer buque -el destructor Zavetny- fue construido en el lugar ahora sentenciado en el lejano 1901 y que se han construido más de mil buques en el astillero.

La etapa soviética fue la edad de oro del astillero. Para 1980, se había convertido en uno de los principales productores de equipamiento marítimo de gran capacidad en el mundo y superaba a todos los astilleros europeos. Construía petroleros, arrastreros, buques de guerra de primer nivel, portaaviones pesados como el Kiev, el Varyag, Baku, Minsk, Almirante Kuznetsov…

En 1988 comenzó a construir el buque nuclear Ulianovsk, pero después Ucrania obtuvo la independencia y no dio preferencia a la tecnología de los astilleros. En 1992, el Ulianovsk sin terminar quedó apartado. Puede que este fuera el momento en el que comenzó la decadencia.

El astillero se las arregló para sobrevivir hasta principios de los años 2000 gracias a pedidos de Noruega y Grecia. Pero después fue excluido por el Gobierno del registro de empresas estratégicas y no construyó un solo barco en quince años. Bueno, en 2001 se construía allí la corveta Valdimir Veliky, pero Maidan dio al traste con todos los planes.

Gracias al “camino europeo” adoptado por las cuestionables personas que llegaron al poder, Ucrania perdió gradualmente lo que quedaba de la industria de los astilleros. Sin ella no va a entrar en la UE, pero con ella tampoco. Unas relaciones normales con Rusia podrían haber sido la salvación, pero en Kiev consideraron que Europa está más cerca. Aunque no tuvieron en cuenta un detalle: puede estar más cerca, pero no va a sacrificar parte de sus beneficios por Ucrania.

En principio, el camino a la desaparición de la empresa ha sido de libro: Maidan, Moskalis al cuchillo, prohibición de cooperar con el país ocupante, desaparición de los pedidos rusos, agonía. El resultado se puede resumir en las palabras de la mencionada Protasova: “El balance de fondos en la caja y en las cuentas es cero grivnas. No queda propiedad alguna, ni fondo alguno. Se ha llegado a un acuerdo con todos los acreedores”.

La historia de los acreedores es interesante. El último dueño del astillero, que es parte del holding Smart Maritime Group, fue el oligarca Vadim Novinsky. Fue él quien recibió 111 millones de grivnas de las 150 obtenidas de la venta del equipamiento. Lo hizo a través de otra de sus compañías, Naval Park. Qué bonito, qué se puede decir.

¿Qué fue de la famosa corveta?, se puede preguntar cualquier lector. El ingenioso Novinsky amenazó con venderlo como chatarra, pero el Ministerio de Defensa salió de esa quedándose con la corveta, aunque muchos consideraron al Vladimir Veliky una “maleta sin asa”. Ahora, el Ministerio de Defensa alega que el casco está al 80% de su producción y la corveta en sí, al 32%. Más números interesantes.

Según los expertos, reanudar el programa de construcción costaría mil millones de grivnas. Y eso solo para empezar. En total, equipar a la corveta y dotarla de las armas prometidas costarían casi 6.000 millones de grivnas al presupuesto ucraniano. Y si se logra construir, habrá que trasladarla a otro astillero, también situado en Nikolaev, y que, según los rumores, aún vive: el Astillero de Nikolaev, de propiedad estatal. Como dicen nuestros liberales amantes de la paz, “sería mejor dárselo a los pensionistas”.

Ucrania decae rápidamente y el colapso de la industria naval es la mejor prueba de ello. El país, que recibió un fantástico legado de la Unión Soviética, se las ha arreglado para echarlo a perder en solo tres décadas. Quienes toman las decisiones han sacrificado un gran pasado en el que se construían portaaviones y ahora es Turquía quien construye sus buques de guerra. ¿Recuerdan la parábola bíblica de Esaú, el hijo de Isaac, que vendió su primogenitura por una sopa de lentejas? Igual que Ucrania, que sacrificó la bendición de tener la misión de poder conectar a oriente y occidente. Pero no, Ucrania eligió la sopa europea. Y perdió.

Descansa en paz, Astillero del Mar Negro. Te recordaremos, te lloraremos.

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