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Un trauma para toda la vida

Artículo Original: Komsomolskaya Pravda

El Día de la Infancia se celebra desde hace más de 60 años. Los niños del socialismo recuerdan esta fiesta de su niñez. Entonces tenía muchas cosas agradables. Lo principal es que los niños y los adultos iban a todas partes sin hacer cola. En los taxis, tenían prioridad si había cola. En los parques de atracciones, los niños entraban gratis. El cine también era gratis. Había actuaciones de y para niños. Sí, había muchas cosas. Eso es lo que recuerdan.

Ahora también se celebra la fecha, pero es diferente: los descuentos son diferentes, como lo son las actividades para los niños y los niños mismos. Ahora, nuestros niños ansían enormemente otro mundo. Antes de la guerra, eran como otros niños, pero ahora nuestros hijos son diferentes a los de otros adultos. Su principal sueño no son unos patines, un smartphone, ver el mar, tener una bici, viajar y demás. No es nada de eso. Su principal sueño y su principal preocupación es cuándo acabará la guerra. Dónde esconderse y qué hacer son cosas en las que piensan nuestros niños.

María Rudenko, madre de Katya (11 años cuando empezó la guerra:

“Mi hija tenía 11 años cuando empezó la guerra. Empezaron a ocurrir cosas terribles, como si alguien hubiera apagado el sol. Katya decía que nada de esto se contaba en los libros para niños. Aunque en ellos aparece el mal, la guerra es mucho más malvada que cualquier malvado de fantasía. A mi argumento de que deberíamos rezar para que todo acabara rápido, respondió que rezar no iba a ayudar, que necesitábamos un héroe, una persona de corazón noble y un gran cerebro. A mi hija le encantaba leer”.

¿Qué pueden hacer y decir las familias? Especialmente si los niños han nacido en guerra, pero saben que debe haber paz.

Elona Korzhevich, cantante de ópera y madre de tres niños (el último, de la misma edad que la guerra)

“Mi hijo pequeño, que nació en 2014, no para de hablar de cosas militares. Siempre que quiere juguetes, son tipos de armas. Le gusta vestirse como un militar. Pero, al mismo tiempo, no permite que le leamos fábulas que acaban mal, La sirenita, por ejemplo. A veces habla de aviones y trenes. Pero, en realidad, con siete años, nunca ha viajado en tren ni en avión. Eso es un gran lujo para nosotros. Me apena decirlo. Le digo: no se puede, todo seguirá ahí en el futuro. Pero sí, en cada cumpleaños, lo que pide es que por fin haya paz”.

Natalia, madre de Sasha (de la misma edad que la guerra)

“Frases y preguntas de mi hija Alexandra para las que no hay respuesta:

  1. Mamá, a ver, los niños pueden discutir, pero también saben negociar. ¿Por qué a los adultos les cuesta tanto llegar a un acuerdo?
  2. La guerra es muy mala, hay gente muriendo solo porque viven donde vuelan las bombas.
  3. Ojalá llegara la paz más rápido, para que no muriera más gente y los niños no tuvieran miedo”.

Quienes nacieron en tiempos de paz pero han crecido en guerra empiezan ya a pensar en lo que está ocurriendo y lo comprenden. Esto es lo que dice mi hija, que ahora tiene diez años y que tenía tres cuando empezó la guerra.

“Queremos ser parte de Rusia. Queremos que Rusia tenga más que un país. Uníos a nosotros. O nos unimos a vosotros. Realmente da igual. ¿Han dicho en las noticias que nos uniremos a ellos? Ni una palabra. Ni palabra. Se debería decir al menos una vez. Donetsk es un país pequeño, tenemos un millón de personas, puede que más, pero, en cualquier caso, es un país. Y Rusia no nos acepta. Puede que seamos un país pequeño, pero somos un país bueno”.

Qué espera a nuestros niños según la periodista Tatyana Razorenova

“Mi madre, Vera Barsukova, es una persona con suerte. Vivía en la región de Zaporozhie, en el distrito Orejovsky, en la localidad de Malaya Tokmachka. Nació durante la hambruna de 1932. Recuerda muy bien la guerra, cómo los nuestros retrocedieron en 1941 y los dos años de ocupación. Y recuerda la ofensiva: las batallas allí, en el pueblo, fueron muy serias. Yo misma he visto las trincheras junto al río y aún se encuentran restos de proyectiles allí. Amigos de mi madre murieron limpiando de minas los campos en 1943. Su primo murió en los bombardeos. Mi madre tuvo que correr al hospital y eso le hizo querer ser doctora y empezó a estudiar. Pero el trauma de la infancia lo hizo imposible. Al ver sangre ajena, ve la imagen de cómo su madre, su hermana y ella misma recogían los restos de su hermano para enterrarlos. Para los niños, la guerra es un trauma para toda la vida. Ahora, mi madre tiene 89 años. La esclerosis avanza, pero los recuerdos de la infancia, especialmente las de la guerra, no van a ir a ninguna parte”.

El 1 de junio es el Día de la Infancia. Desde hace ya muchos años, nuestros niños sufren a causa de la guerra. La última muerte se produjo en Alexandrovka el 3 de abril. Las tropas ucranianas mataron a un niño de cuatro años con un dron, conscientes de a quién disparaban. Que sea el último.

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