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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Una guerra ignorada

Artículo Original: Denis Grigoriuk

“Las armas se escuchan de nuevo en el Donbass”. ¿Este tipo de titular sorprende a alguien en el octavo año de guerra? Lo dudo. Pero la experiencia de 2021 dice que la audiencia ha olvidado la guerra en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y sus periódicos empeoramientos y ha pensado que este año la RPD y la RPL se enfrentaban a una guerra abierta y que ahora mismo todo iba a estallar esta vez después de que el Ejército Ucraniano dejara de adherirse, en febrero y marzo, a los acuerdos de alto el fuego.

¿Qué dirían si diera un ejemplo de cómo, exactamente hace un año, había en Donbass un empeoramiento similar? Ahí va un mensaje del corresponsal de guerra Maxim Fadeev del 28 de enero de 2020: “Cerca de la localidad de Zolotoe (el mismo lugar en el que se había realizado recientemente la “retirada de tropas”), en la zona cercana a Golubovsky y Berezovsky, las unidades del Ejército Ucraniano han realizado un serio avance y tras ocupar una sección de la zona gris, se ha acercado a las posiciones de la LPR: donde hace tres semanas había un kilómetro y medio de distancia entre las posiciones de las partes, ahora solo hay 250-300 metros que separan a los oponentes”, escribió entonces.

¿Hubo una respuesta entonces? No. En aquel momento, todo el mundo observaba cómo el coronavirus ganaba impulso. Cuando llegó la primavera, lo principal ya no era la guerra ni siquiera en Donbass. El número de infectados y de muertes ascendía y se reforzaron las medidas. A nadie le interesaba la batalla en la RPD y en la RPL. Los principales medios tampoco prestaban atención, se centraban en las crónicas del COVID-19 y no en la batalla, que todos habían olvidado.

En 2021 la situación cambió. Lo hizo después de que la prensa comenzara a hablar de los bombardeos de zonas residenciales, de movimiento de equipamiento militar y de la retórica militarista de las autoridades oficiales de Kiev. Como si esto no hubiera ocurrido nunca. ¿No había habido bajas civiles? ¿No habían muerto niños en la guerra? ¿No habían sido destruidas las infraestructuras? Todo ello había sucedido antes, incluso a mayor escala de lo que está sucediendo ahora mismo. La clave está en la atención de los grandes medios, tanto en Rusia como en Occidente. En esta ocasión ha llegado a las fotogalerías de los medios más conocidos de Occidente, donde se puede encontrar imágenes de Donbass, mientras que hace un año no había una palabra sobre ello.

¿Y qué se dice ahora en Occidente de las batallas entre Ucrania y las Repúblicas? Que la Federación Rusa es culpable de ello, ya que realiza ejercicios militares en su propio territorio, pero cerca de la frontera con Ucrania. Y todos parecen haber olvidado la demostración de fuerza del traslado de equipamiento militar del Ejército Ucraniano en las estaciones de tren cercanas a la línea de contacto, de los numerosos ataques del Ejército Ucraniano a lo largo de todo este periodo de supuesto régimen de silencio, a pesar de que han sido repetidamente denunciados por periodistas locales cuando los corresponsales de los medios importantes ni siquiera estaban cerca de Donbass.

Ese es el verdadero problema. La actual situación ha mostrado que, si algo no se difunde con ayuda de un gran medio, para la mayoría de la población parece como si no hubiera ocurrido nunca. Y esa población se sorprenderá cuando los residentes de Donbass que llegan a otros países les hablen de una guerra que para ellos ni siquiera existe. Por desgracia, era lo que planteaba hace un año en un artículo titulado ¿Por qué hablar de la guerra?. Incluso entonces, estaba claro que el resultado de la censura militar sobre lo que estaba ocurriendo en la zona roja sería algo similar a lo que recibimos en febrero de 2021.

Resulta que el componente informativo de la guerra es de capital importancia. Ahora, el servicio de prensa del Parlamento de la RPD informa de que los periodistas ucranianos llegan al frente para grabar reportajes en los que difunden las narrativas esperadas. No son difíciles de predecir, ya que recientemente el conocido propagandista de TSN Andriy Tsaplienko ya ha mostrado cómo “los separatistas” lanzan minas antipersona desde drones para atravesar los tejados de edificios residenciales con proyectiles que llevan símbolos fascistas escritos en ellos. Obviamente, en ese tipo de historias, no hace falta justificar los actos de las tropas ucranianas. Esas mismas tesis son posteriormente adoptadas por la prensa occidental y se crea la imagen informativa.

Para la audiencia europea, todo está claro: Ucrania lucha por su territorio y se enfrenta a unos militantes sin conciencia ni honor. Lo mismo ocurrió en la primavera y el verano de 2014, cuando las aeronaves ucranianas golpearon Donetsk y Lugansk, Snezhnoe y Gorlovka y muchas localidades más. Era imposible explicar a los conocidos extranjeros que era el Ejército Ucraniano el que atacaba a los civiles que no aceptaban el golpe de Estado. Todos creían lo que les decían los periodistas de la BBC y la CNN, porque no había otra alternativa. Puede que siga sin haberla.

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