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Cultura, Nacionalismo, Rusia, Ucrania, Unión Soviética

Kyiv Pie

Artículo Original: Andrey Manchuk

Los oficiales ucranianos se han tomado un descanso de la cruzada por el borscht para presentar al público un nuevo plato. Ha recibido el nombre en inglés “Kiev pie”, tarta de Kiev. Según los patriotas, esta obra maestra culinaria hará de la capital ucraniana un centro paneuropeo del turismo gastronómico. Y los periodistas ya se están preparando para las posibilidades que traerá el aroma de la nueva tarta, que atraerá a las carteras occidentales a Ucrania. Nadie esconde que la iniciativa está dirigida específicamente para extranjeros. Es improbable que cualquier residente medio de Kiev pueda permitirse comprar esturión, que es uno de los ingredientes principales de la nueva receta de tarta de Kiev junto al hígado, nabo y perejil.

El esturión dejó de ser capturado en Kiev en tiempos de los cosacos y hace mucho que se convirtió en algo exótico e inaccesible para la población. Sin embargo, los representantes de la Asociación Ucraniana de Turismo están convencidos de que esta receta científica permitirá combinar la modernidad con las tradiciones centenarias de la cocina nacional. Y la forma circular contiene los motivos originales de la esvástica con forma de sol, algo que tiene que estar presente hasta en la comida en la Ucrania post-Maidan.

“La forma de sol se ha asociado con Kiev en muchas fuentes”, explicó Alexey Povtoreyko, presidente de la Asociación de Chefs-Cocineros de Ucrania. Así que, en un futuro cercano, puede que nos presenten la leyenda de que se servía Kiev pie en la mesa del rey Svyatoslav durante sus campañas contra los jázaros y después se usaba en el ritual de las bestias de la sociedad oculta Ahnenerbe.

Sin embargo, los residentes de Kiev ven una relación semántica completamente diferente en el nombre del plato. Miembros de la popular comunidad urbana “Nuestro Kiev” lo han vinculado a la comedia juvenil “American Pie”, que habla de las calientes aventuras de los adolescentes estadounidenses. Y ven en el Kiev Pie un anuncio del turismo sexual en Ucrania.

En general los ucranianos perciben las noticias con sorpresa. ¿Por qué inventar una nueva tarta redonda si la cocina ucraniana ya es rica en bonitos y conocidos platos sobre los que han escrito Gogol y Shevchenko, las sopas, el trigo sarraceno, Krusheniki, salchichas, cientos de variedades de tartas, todo tipo de dulces o simplemente el borscht?

El propio nombre de Kiev se asocia habitualmente a platos muy conocidos: la tarta de Kiev y el pollo Kiev. Por no mencionar la perepichka de Kiev, una leyenda de los puestos callejeros desde hace cuarenta años. Pero a los oficiales no les parece bien promocionarla y darle publicidad.

Puede que el problema de la tarta de Kiev sea, en realidad, el sello del legado comunista: al fin y al cabo, se creó en 1956 en la fábrica confitera Karl Marx como uno de los ejemplos clásicos de los éxitos culinarios soviéticos. Se sabe que la tarta fue presentada al Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética Leonid Brezhnev con motivo de su 70 cumpleaños, lo que claramente indica que es ideológica y políticamente incorrecta. Aunque hace tiempo que la fábrica fue privatizada por el descomunizador Petro Poroshenko.

Tampoco todo está bien con el pollo Kiev, conocido en el mundo entero. Según el famoso historiador culinario William Pojlebkin, el plato empezó a prepararse en el territorio del Estado agresor, en la que entonces era su capital, San Petersburgo. Inicialmente se le dio el nombre de Novomijailovsky, por el cercano palacio Mijailovsky, y solo después se hizo conocido en los restaurantes de Kiev. El propio concepto de “pollo Kiev” [en ruso y ucraniano lleva el nombre de “corte Kiev”] entró en la historia política de la Ucrania de una forma muy peculiar que recuerda a una larga y sonora derrota gracias al socio estratégico del otro lado del Atlántico.

El 1 de agosto de 1991, dos semanas antes de la Declaración de Independencia de Ucrania, en entonces presidente de Estados Unidos, George H.W. Bush pronunció un importante discurso en el Parlamento, en el que advirtió a los ucranianos de los excesos nacionalistas. “Los americanos no apoyarán a quienes busquen la independencia para sustituir una tiranía lejana por despotismo local. No ayudarán a quienes promocionen un nacionalismo suicida basado en odio étnico”, afirmó Bush en Kiev. El motivo era la preocupación por el destino de las armas nucleares desplegadas en el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, así como las posibilidades de balcanización de Ucrania, esas que se hicieron realidad en 2014.

El discurso, escrito por la futura secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleezza Rice, contenía la recomendación inequívoca de no romper completamente con Moscú y de buscar un acuerdo para un nuevo tratado de unión. Como es natural, esas palabras causaron una tormenta de indignación entre los representantes del Movimiento Popular de Ucrania y los halcones antisoviéticos euroatlánticos, que buscaban el colapso final de la Unión Soviética. El conservador estadounidense William Saphire, editor del New York Times, irónicamente calificó el discurso de Bush como “pollo de Kiev”. Y los Demócratas empezaron a enviar a un hombre vestido de pollo a los discursos del presidente para recordarle su error.

Queda la perepichka de Kiev, una salchicha frita en harina que se ha vendido desde 1981 en la antigua calle Lenin, ahora Bogdan Jmelnitsky. También puede considerarse uno de los símbolos culinarios de Kiev porque este plato simple y sabroso ha sido el favorito de varias generaciones de residentes de Kiev e incluso ha sido introducido como atracción en guías de viaje como el Lonely Planet, que calificó de “una experiencia importante en Kiev” probarlo. Sin embargo, sus orígenes soviéticos proletarios trabajan en su contra. Porque una simple salchicha de un puesto callejero, que estudiantes y trabajadores toman para comer o para merendar, ni siquiera se acerca al caro elitismo ni a las “raíces nacionales” que acarrea la imagen de la nueva tarta solar de esturión.

Sin embargo, en la historia del Kiev Pie hay algo que es sorprendente. Los oficiales promocionan este plato en medio del desastre del coronavirus, cuando los hospitales no dan abasto con el flujo de pacientes y el empobrecido país en guerra está en el último puesto de tasas de vacunación. Las publicaciones europeas hablar con horror de que ni una sola persona fue vacunada el fin de semana pasado y lo vinculan a la corrupción y la flagrante incompetencia. A esta velocidad, tendrá que pasar mucho tiempo hasta que los flujos de turistas extranjeros que quieran comer tartas nacionales lleguen a Ucrania.

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