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Kuchma, Poroshenko, Rusia, Ucrania, Yanukovich, Yushchenko, Zelensky

El menos malo

Artículo Original: Colonel Cassad

El grupo sociológico ucraniano Rating ha publicado recientemente los resultados de un estudio en el que se ha preguntado a la población ucraniana cuál considera que ha sido el mejor presidente de la Ucrania “independiente”. Los resultados han sido francamente divertidos. Muy destacado, ha quedado en primer lugar Leonid Kuchma. El mismo Kuchma contra el que se hizo el primer proto-Maidan “Ucrania sin Kuchma”, en el que se estrenaron Yuschenko y otras figuras de la “revolución naranja” y otras que sobrevivieron (políticamente) hasta el golpe de Estado de 2014.

Kuchma ha superado, no solo a Yuschenko, Yanukovich y Poroshenko, como era de esperar, sino también a Zelensky, cuya popularidad está cayendo y es imposible descartar que en dos o tres años esté a niveles de Yuschenko o Poroshenko.

Es curioso que todos ellos, Yuschenko, Yanukovich y Poroshenko, son producto del sistema construido en el mandato de Kuchma. Y si nos fijamos en Zelensky, su principal patrocinador, Kolomoisky, es de la misma camada. Así que fue Kuchma quien creó eso en lo que se ha convertido Ucrania, especialmente en términos económicos, ya que fue bajo su mandato cuando Ucrania se dividió en clanes oligárquicos e industriales a base de dividir y privatizar el Estado.

La ventaja que Kuchma tuvo frente a quienes vinieron después es que aprendió la capacidad de ser “multilateral”, intentando conseguir cosas tanto de Rusia como de Occidente a base de intercalar retórica sobre la integración europea con discursos sobre la amistad con Rusia cuando lo requería el momento, cambiándose rápidamente de camisa, pero siempre sin abandonar esa multilateralidad.

Con el cambio de siglo, a Estados Unidos ya no le valía esa aproximación e intensificaron el trabajo de sus fuerzas proccidentales, de las que hicieron líder al exprimer ministro Yuschenko. Kuchma sufrió una serie de poderosos golpes, el más duro de los cuales fue el “escándalo de la cinta” con las películas de Melnichenko y la entrega de los sistemas Kolchuga a Irak, lo que limitó para Kuchma los apretones de mano en Occidente. Todo ello obligó a Kuchma a renunciar a intentar conseguir un tercer mandado (estaba pensándoselo) y presentar a Yanukovich, que estaba fuertemente vinculado a Ajmetov y satisfacía a Rusia, tanto que Putin en persona apoyó a Yanukovich, algo que después no ha vuelto a hacer.

Yanukovich intentó utilizar la misma multilateralidad, prometiendo a Rusia reforzar la cooperación con la Unión Euroasiática y a Occidente, integración europea. Pero, como creación de Kuchma, Occidente no creyó a Yanukovich. Así que, incluso después de ganar las elecciones, se vio recompensado con una revolución de colores, tras la que se rindió por primera, que no última, vez. Hay que decir que Kuchma, ya en el proceso de la revolución de colores, sacrificó a Yanukovich y comenzó negociaciones con los embajadores extranjeros, que exigían una “tercera vuelta” y condena del “fraude”, lo que destrozó a Yanukovich. Así que, en la clásica forma de la política ucraniana, Kuchma traicionó a Yanukovich y llegó a un acuerdo con los líderes del golpe, tras lo cual se escondió en la sombra y quienes exigían investigar e imputar a Kuchma se olvidaron de ello, ya que su objetivo no era ese sino instalar una gobernanza externa de Ucrania, algo que se hizo con ayuda del propio Kuchma. Así que, si hay que determinar cuándo Ucrania pasó a estar bajo control externo, fue por primera vez bajo el mandato de Kuchma.

Pero el “equipo naranja” que llegó al poder fracaso de forma tan estrepitosa, demostrando su completa incompetencia, que Yanukovich, que lo había perdido todo, tuvo la oportunidad de llegar a la segunda vuelta. Y hay que comprender la incapacidad de los oponentes de Yanukovich, a los que fácilmente derrotó en las elecciones legislativas y presidenciales, tras lo cual pudo también encarcelar a Timoshenko.

En pocas palabras, el destino dio a Yanukovich una segunda oportunidad y, ya legitimado, comenzó a jugar al juego multilateral al estilo de Kuchma, intentando agradar tanto a Occidente como a Moscú. Pero, desde 2004, Occidente no confiaba en él al considerarle prorruso, algo que quedó en evidencia tras los acuerdos de Járkov, que fueron una victoria para Rusia, ya que Ucrania se comprometía a extender la cesión de la base naval de Sebastopol hasta 2042, con lo que toda la campaña para expulsar a la flota fue a la basura. Desde 2012, las ONG’s controladas por Estados Unidos y la Unión Europea comenzaron a instalar los elementos del futuro golpe en Ucrania. Mientas Yanukovich y su entorno satisfacían su sed de beneficios a base de poner a su servicio grandes y medianas empresas (lo que generó descontento en muchos sectores, también entre la oligarquía), la imagen de su administración se iba deteriorando, mientras que Moscú creía que tenía a Yanukovich en el bolsillo y que no iría a ninguna parte. Todo ello fue un gran error. En 2012-2013, Yanukovich se dio cuenta de que había ido demasiado lejos con la “amistad de los pueblos eslavos” y el rodillo de su multilateralidad se hizo demasiado fuerte (algo que Kuchma intentó impedir).

Fue Yanukovich quien, en el momento álgido de la relación con Rusia y para agradar a Occidente, activó el proceso de la “asociación europea”. En el verano y otoño de 2013, cuando se aproximaba el momento de la firma, Moscú empezó a preguntarse: “¿Qué es ese acuerdo? Creía que nosotros teníamos un acuerdo”. Al mismo tiempo, Bruselas presentó las condiciones de servidumbre de la asociación europea, según las cuales Ucrania no recibía prácticamente nada y sufría fuertes pérdidas económicas. Yanukovich comprendió que había ido demasiado lejos con el “acercamiento a Occidente” y comenzó a recular. La ya de por sí inestable construcción de Ucrania volvió a oscilar, lo que fue utilizado por Estados Unidos para organizar un golpe, que una vez más acabó con Yanukovich. Kuchma reapareció de nuevo en las negociaciones secretas para transferir el poder a los golpistas y, más adelante, comenzó a representar a Ucrania en Minsk.

La Ucrania oligárquica que nació con Kuchma perdió Donbass y Crimea a consecuencia de esos hechos. El modelo oligárquico supuso el saqueo completo de la antigua República Soviética, que ahora vende hasta la tierra y las empresas que quedan bailan al son de Biden y el FMI. Este es el resultado del sistema creado por Kuchma. Y en cada uno de los presidentes que han sucedido a Kuchma, siempre ha habido algo de él, aunque en ocasiones no fuera muy obvio.

La simpatía por Kuchma se debe al hecho de que fue después de su marcha cuando comenzaron la “revolución de la modernidad”, “los Euromaidan”, la “lustración”, la “desoligarquización”, la pérdida de regiones, la guerra civil (caliente en Donbass y fría en el resto del país), el neonazismo que campa a sus anchas (aunque su maduración comenzó en tiempos de Kuchma) y la completa dependencia del extranjero. En este contexto, frente a Yuschenko, Yanukovich y Poroshenko, Kuchma puede parecer un adelanto, especialmente para aquellos que no se dan cuenta de que todas esas figuras son la continuación lógica de la estructura de poder y propiedad que se desarrolló con Kuchma. Pero incluso en este caso, se puede ver lo bajo que está el nivel por encima del cual se considera aceptable. A Zelensky le ha costado solo un año caer por debajo. Yanukovich ya dependía de Ajmetov cuando llegó al poder, Poroshenko ya era un oligarca y no necesitó ser títere de uno para elegirse a sí mismo y Kolomoisky llevó a su “Goloborodko” [el presidente de Ucrania interpretado por Zelensky en televisión] al “poder”. Una serie de triunfos oligárquicos han llevado a la degradación de la antigua República Socialista Soviética de Ucrania. Todo ello es parte del legado de Kuchma, que permitió que se creara un sistema del que saltar a tiempo del tren en marcha que se dirige a un callejón sin salida histórico.

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