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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Ucrania

Quienes no vivieron para ver la victoria

Artículo Original: Dmitry Rodionov

Vsevolod Petrovsky

El líder de la RPL, Leonid Pasechnik, ha acusado al presidente Volodymyr Zelensky de la muerte de cuatro soldados de la República en el bombardeo de la localidad de Zolotoe-5 como comandante en jefe del Ejército Ucraniano, bajo cuyas órdenes se bombardeó una zona civil de Donbass. Es algo así: cambio de presidente en Ucrania, el proceso de Minsk sigue estancado y a diario hay bombardeos y muertos. Cada día, los soldados están en el frente y realizan tareas de combate sin saber si, para ellos, ese día será el último. Cada uno de ellos tiene un nombre y una vida. Una vida que normalmente no se parece en absoluto a lo que nos lleva a ver películas bélicas. Entre ellos, muchos no son soldados profesionales.

El 8 de febrero de 2017, hace tres años, en Donetsk fue asesinado el ex trabajador de la seguridad de un supermercado Mijail Tolstij (Givi). Fue asesinado a traición, de forma injusta, porque durante tres años los soldados ucranianos no pudieron con él en la batalla. Precisamente por eso, al funeral de Givi vino más gente de la que se congregaba en Kiev en Maidan. Fue una imagen impresionante y me apena que cada uno de los soldados de Donbass no tenga los mismo honores, aunque muchos de ellos no valen menos que Givi, Motorola, Zajarchenko o Mozgovoy.

Cada día del calendario es el aniversario de la muerte de alguien. Para mí, el 8 de febrero no solo significa Givi, a quien no tuve la suerte de conocer en persona. Para mí, ese es el día de conmemorar la memoria de tres soldados de la unidad voluntaria comunista de la brigada Prizrak para los que la guerra acabó hace cinco años, en 2015, al comienzo de la operación de Debaltsevo, en la localidad de Komisarovka, en la RPL: Vsevolod Kovil Petrovsky (11/4/1986-8/2/2015), Evgeny Taymir Pavlenko (2/11/1979-8/2/2015) y Sergey Senya Kornev (30/7/1983-8/2/2015).

Los soldados se encontraban bajo el fuego del enemigo tratando de evacuar a un explorador. Un proyectil explotó justo a unos metros de ellos. La paradoja es que el hombre herido sí sobrevivió y los tres soldados que trataban de salvarlo no. Para dos de ellos, esta era literalmente la segunda o tercera misión en la guerra. Eran personas absolutamente diferentes, de ciudades diferentes, que no se conocían entre ellos y que, de no haber sido por la guerra, nunca se habrían conocido. Pero quedaron unidos por la muerte, una muerte que nadie espera nunca, pero que en la guerra puede llegar en cualquier parte, en cualquier momento.

Evgeny Pavlenko, de San Petersburgo, llegó a la guerra en diciembre de 2014. Quería haber llegado en la primavera, desde el principio, pero a veces las cosas no salen inmediatamente. Pavlenko dejó atrás a dos hijas, de 5 y 7 años, y un trabajo de profesor de lengua y literatura rusa. Era un bromista, chistoso e intelectual, así le describen sus amigos. Fue un activista y se hizo conocido también por su activa participación en el movimiento de voluntarios de Donbass. Participó en acciones como el intento de proteger a un veterano de Letonia. Un verdadero intelectual de San Petersburgo, amaba su ciudad y sabía todo de ella, incluido todo lo que hay que saber sobre la destrucción del viejo San Petersburgo. Cuando trabajó enseñando ruso a extranjeros en la Universidad de San Petersburgo, llevaba a sus estudiantes a lugares escondidos que los turistas no conocen y les contaba historias y leyendas de la ciudad.

No podía soportar la injusticia. Eso le llevó primero a la política y a la guerra en Donbass cuando comenzó el asalto. Al mismo tiempo, era una persona demasiado seria para hacer las cosas sin más, pensó su decisión durante un tiempo y se preparó para ello.

Al final, se marchó a la guerra a finales de 2014 sin avisar a nadie. Sus convicciones le llevaron a la brigada Prizrak.

Para Evgeny Pavlenko, la guerra duró poco más de un mes, prácticamente el mismo tiempo que luchó Vsevolod Petrovsky. Solo que, para él, la guerra vino a su puerta. Primero fue corresponsal de guerra, después soldado en la misma brigada Prizrak. Petrovsky era conocido antes de la guerra: era poeta, historiador, periodista, activista político. Es curioso que, en su juventud, apoyara el primer Maidan naranja, aunque rápidamente se desilusionó y comenzó a buscar los motivos de lo que pasaba en el país, leyó libros y finalmente fue uno de los fundadores de la organización comunista ucraniana Borotba, ahora prohibida en el país.

Por supuesto, viviendo en Donetsk, se encontró en el centro de los hechos desde el principio de la “primavera rusa”, desde los primeros días de la guerra fue voluntario para hacer informes del frente, trabajó en el Ministerio de Información de la RPD, primero para Strelkov y después, cuando conoció a Mozgovoy, se marchó a Alchevsk. Pudo haberse marchado a Estados Unidos, donde vivían sus padres, pero ¿cómo puede un patriota marcharse cuando a su tierra ha venido la guerra?

Ni él ni Evgeny Pavlenko tenían experiencia y, para ambos, la guerra terminó realmente antes de comenzar. Pero la guerra es una lotería, incluso personas con experiencia pueden caer la primera semana y un hombre sin experiencia alguna puede vivir hasta la victoria.

Vivir hasta la victoria es el sueño de todo aquel que va a la guerra. Pero el sueño no se hace realidad para todos. Cuando tres hombres fueron a salvar a un herido en Komisarovka y murieron al explotarles un proyectil, no sabían que no iba a hacerse realidad. Pero, si lo hubieran sabido, ¿habrían hecho algo diferente?

Nunca supieron que, diez días después, iba a izarse la bandera de Novorossia en Debaltsevo, que sería una de las más largas y sangrientas batallas de la guerra.

Y, por supuesto, ni ellos ni siquiera quienes celebraban felizmente la victoria y recordaban a los caídos prometiendo nuevas victorias podían saber que la victoria final aún está muy lejos. Lo que queda por delante son muchos años de un increíble estrés, una situación en la que no hay guerra propiamente dicha pero en la que siguen muriendo compañeros, caídos por las balas y la metralla enemiga que aún llueve sobre las ciudades de Donbass.

No podemos conocerlos a todos. Pero debemos preservar la memoria del heroísmo de aquellos que, con sus vidas, prepararon el camino a la victoria sin dudar por un momento si hacían lo correcto. Si lo hicieran, Donbass no seguiría en pie por sexto año consecutivo.

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