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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Ucrania

La vida sigue

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Me gustaría escribir que es una mañana normal, pero no es así. “¿Dónde va? ¿Al supermercado?”, me preguntó el conductor del taxi al que me subí en la avenida de Lenin. “No, tengo que parar donde para el tranvía, pero la Carretera está bloqueada, así que déjeme al lado de la policía de tráfico”, contesto. “¿Por qué está bloqueada la carretera?” “Es el aniversario de Bosse”. Esta frase es suficiente y no requiere más explicación en Donetsk. La población puede confundir las fechas, pero lo que ocurrió en enero de 2015 en el barrio de Bosse es algo que todos recuerdan.

“¿A qué hora empieza?” “A las diez”. El taxista me dejó junto a la parada del tranvía. Pensó que el transporte público seguiría funcionando, pero resultó que la carretera estaba cortada para todos así que tuve que hacer a pie la distancia hasta el lugar.

En el edificio de Dongormash aún son visibles los efectos del bombardeo. Las ventanas aún están cubiertas con placas de madera. Justo enfrente está el club de fútbol Olimpik. En la puerta hay un cartel en el que se puede leer: “El estadio está cerrado por motivos técnicos”, porque no hay equipos en la ciudad. Hace tiempo que los jugadores están o en la liga ucraniana o en las ligas de países vecinos.

Junto al monumento hay muchos miembros de las fuerzas de seguridad de la RPD. Antes de llegar a un lugar concurrido, hay que pasar por el control. Hay fuertes medidas de seguridad.

En un banco está sentado Vladislav Tkachenko, uno de los supervivientes de la tragedia. En sus manos porta una cometa negra y unos cuantos claveles rojos. Junto a él hay un niño. Cada año, en el réquiem, un niño lee un poema. Los cadetes, que se encontraban en un lugar cercano a la tragedia, ensayan la forma en que colocarán las flores junto al monumento instalado por la RPD en el que aparecen los nombres de quienes murieron asesinados el 22 de enero de 2015.

Gradualmente se va acercando más gente. Comienzan a aparecer los representantes de la República: ministros, diputados, líderes de movimientos sociales, el alcalde de Donetsk y oficiales de la escuela militar. Entre ellos está Yulia Mijailova. Hace cinco años, iba en el tranvía bombardeado por el Ejército Ucraniano. Consiguió sobrevivir, pero perdió un brazo y una pierna. Cada año participa en la ceremonia. Yulia es ahora diputada en la segunda legislatura del Parlamento de la RPD.

El acto comienza con la llegada de Denis Pushilin. Se celebra un servicio en memoria de los asesinados y comienzan los discursos. “Hay crímenes de guerra que son especialmente cínicos y despiadados. Hoy es el día en que recordamos uno de ellos. Hace cinco años se produjo una tragedia terrible, una tragedia planificada. Fue obra de quienes una vez vivieron con nosotros en un mismo Estado. Los saboteadores ucranianos deliberadamente dispararon aunque sabían perfectamente que, a esa hora, habría muchas personas en la parada. ¿Fue orden del comando central? No tenemos que tener ilusiones, el pueblo de Donbass odia a este régimen de Kiev”, afirmó Pushilin.

Como esperaba, un niño lee un poema. Detrás, en el escenario, está Vladislav Tkachenko. No tiene nada más que decir. Todos estos años, ha venido al acto y ha pronunciado un discurso en el que detallaba lo ocurrido, pero parece que hoy no quiere repetir lo que ya tantos saben. Para este quinto aniversario ha escrito un poema.

Los asistentes colocan sus claveles rojos ante el monumento. Tengo que esperar a que todos rindan tributo a las víctimas del terrorista ataque contra Bosse. Al final, junto al monolito hay una gran montaña de claveles y velas.

El gentío se disipa. La guardia de honor abandona sus puestos. Los empleados públicos comienzan a recoger la basura. La carretera seguirá cortada un tiempo, así que repito el mismo trayecto en dirección opuesta. Empieza a caer algo de nieve. Grandes copos me caen sobre la cabeza, es una sensación extraña, ya que se derriten nada más tocar el suelo.

Cuando llego a la plaza que lleva el nombre de Ivan Tkachenko, el transporte público vuelve a funcionar. Pasa el tranvía que hace la ruta de aquel que fue bombardeado hace cinco años.

La vida sigue.

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