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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Intercambio prisioneros, LPR, Odessa, Ucrania

En primera persona

El último intercambio de prisioneros de guerra entre Ucrania y las Repúblicas Populares ha incluido a toda una serie de personas que ese día, el 29 de diciembre de 2019, visitaban por primera vez esa guerra. Entre ellos está Sergey Dolzhenkov, que ha pasado prácticamente todo el tiempo que ha durado esta guerra en una celda en Odessa, acusado en el caso 2 de mayo primero y detenido de nuevo inmediatamente después de ser declarado inocente. El mismo día en que fue intercambiado, desde Odessa, su madre explicaba que, aunque muchos le recomendaban seguir luchando hasta conseguir llegar hasta el Tribual Europeo de Derechos Humanos, actualmente esa lucha “es contra molinos”. El caso por el que Dolzhenkov ha pasado dos años en prisión acusado de separatismo y amenaza a la integridad territorial de Ucrania investiga un acto en el que Dolzhenkov (y el otro acusado, Evgeny Mefedov, entregado a Rusia en el anterior intercambio) y otros participantes colocaron flores y cantaron eslóganes frente al monumento a quienes liberaron la ciudad de Nikolaev.

Sin posibilidad de condenar a los acusados por tales actos, Ucrania ha optado por alargar eternamente el proceso, manteniendo en prisión o bajo arresto domiciliario a los acusados hasta que han aceptado ser intercambiados como prisioneros de una guerra en la que no han participado. Apenas unos días después de llegar a Donetsk, Dolzhenkov ha descrito cómo se vvió, desde dentro, el interacmbio de prisioneros, y cuáles han sido sus primeras impresiones de la zona en guerra.

Artículo Original: Antifashist

Una de las personas que participaron en el intercambio de prisioneros es el preso político de Odessa y activista del campo de Kulikovo, Sergey Dolzhenkov, que ha pasado más de cinco años en prisión por discrepar con la actual política del Gobierno de Ucrania, ha relatado sus impresiones sobre el intercambio entre prisioneros detenidos por Ucrania y aquellos detenidos por la República Popular de Donetsk. Ha escrito sobre ello en su perfil de redes sociales:

“El intercambio estuvo bastante bien organizado por ambas partes. El 27 de diciembre de 2019, alrededor de las dos de la tarde, llegué al edificio de la corte del distrito Primorsky de la ciudad de Odessa, donde se modificaron las medidas preventivas contra los presos políticos de Odessa de arresto domiciliario a libertad condicional (bajo obligación de presentarse, si fuera requerido, en el tribunal). La misma medida que me aplicaron a mí el 21 de diciembre (ocho días antes del intercambio). A las tres de la tarde, el SBU nos trasladó en vehículos oficiales a la región de Donetsk, a Svyatogorsk, a la base Zelyonaya Roscha. El camino fue largo y agotador, porque pasamos por Kiev, Poltava, Járkov e Izium. Llegamos a la base a las cinco de la mañana del día siguiente y nos instalamos en habitaciones. Nos permitieron caminar, nos dieron tres comidas al día en el comedor y a muchos les dieron el permiso para salir durante el día (si querían).

El 29 de diciembre, salimos en autobús hacia el puesto de control de Mayorsk, cerca de Gorlovka. Esperamos durante mucho tiempo hasta que empezó el procedimiento de intercambio, todos empezaron a impacientarse y a preocuparse por si el intercambio se iba a producir. Se podía ver en las caras de los prisioneros de guerra, los presos políticos, los soldados y la policía. Después de unas horas, se comprobaron todas las listas, se confirmó que estaban todas las personas y los autobuses avanzaron en dirección a Gorlovka.

La zona gris entre el puesto de control ucraniano y el de la RPD me causó una dolorosa impresión: había restos de metralla y miles de personas que se ven obligadas a esperar durante horas (o morir esperando) para atravesar los puestos de control. Al lado de la carretera había un cartel en el que ponía: “Peligro, minas”. Todos comprendemos que no es que la guerra esté cerca, sino que puede estar bajo los pies de esta pobre gente.

Tras avanzar unos kilómetros vimos una bandera roja con la hoz y el martilllo (los descomunizadores no han llegado hasta aquí de momento) y otra de la RPD, fortificaciones y bunkers militares. Algunos nos saludan con una sonrisa. Llegamos al puesto de control de Gorlovka. Entre los duros hombres de verde del comando militar, con las caras tapadas y armas automáticas, estaban también un representante del Ministerio de Seguridad de la RPD, el alcalde de Gorlovka, las defensoras del pueblo de la RPD y la RPL, periodistas y los prisioneros ucranianos que se encontraban detenidos por las Repúblicas no reconocidas.

Subió a nuestro autobús la defensora del pueblo de la RPD, Daria Morozova, que nos dio la bienvenida y volvió a comprobar las listas. Después de un rato, subimos nuestras cosas a otro autobús, que nos llevó a Donetsk. Varios de los chicos hablaron con los periodistas de la prensa rusa y la local. Después seguimos hasta un puesto de control en el que se fotografía y toma las huellas dactilares a todo el que llega a la RPD. Pasamos varias horas en todo este proceso y después llegamos a unos de los hospitales de Donetsk (no daré el nombre por motivos de seguridad). Nos instalaron en habitaciones de cinco. Los pasillos estaban recién renovados y, en general, el hospital da buena impresión. Nos dieron de comer, nos suministraron tratamiento médico y visitas de familiares. Esperamos a que se comprobaran los documentos y a terminar el chequeo médico.

Ahora, unas palabras sobre los habitantes de la República y la situación en general. Hay una guerra. No es “ATO”. No se ve el final de esta guerra civil en un futuro próximo. Una guerra en la que se ha utilizado armamento pesado, fósforo blanco y bombas de racimo para bombardear barrios residneciales de Donetsk, una guerra en la que la aviación ha asesinado a personas que se bañaban en un pantano cerca de Donetsk, una guerra en la que los perros arrastran a sus dueños al sótano al escuchar las explosiones y los niños de siete años escriben en sus felicitaciones de Año Nuevo: “Todo saldrá bien. Solo hace falta que acabe esta locura”.

Pero no van a poder romper a esta gente, ni intimidarla, ni obligarla a arrodillarse. Es un pueblo fuerte, trabajador y acogedor. Cuando le digo a alguien de aquí que soy de Odessa, se ve inmediatamente una especie de conexión invisible. Al fin y al cabo, tampoco pudieron poner de rodillas a Odessa. También nosotros pasamos por el luto de perder a seres queridos en el incendio de la Casa de los Sindicatos y en las calles y quienes no nos rendimos acabamos en la cárcel.

Todo saldrá bien. Buena suerte a todos”.

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