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Agricultura, Economía, FMI, Rusia, Ucrania

Una potencia agrícola

Artículo Original: Andrey Manchuk

En abril y mayo, lejos de los focos ante el mayor interés de las elecciones presidenciales, Ucrania experimentó un fuerte aumento en los precios de las verduras, especialmente productos tan comunes como las cebollas, que costaban entonces más que en Gran Bretaña, Francia y Alemania. Los ucranianos bromearon con tristeza, se ofrecieron a invertir en cebollas y cobrarlas en criptomonedas, mientras el Gobierno mentía sobre la mala cosecha y la entonces ministra de Sanidad Suprun apelaba a los ciudadanos a abandonar las cebollas calificándolas como “producto antisocial”.

Ahora el producto en cuestión es la patata, que ha comenzado a subir rápidamente en las últimas semanas. Los precios de este producto tan importante para la cesta de la compra de la población de Ucrania superan las doce grivnas el kilo, aunque en realidad se venden a más de trece. En el último año, el precio ha subido al menos tres veces, con lo que aparecen ya bromas que hablan de la patata como un producto de lujo. Incluso en los años de escasez de los noventa, la patata siempre fue un producto asequible para la población y ayudó a sobrevivir a familias enteras.

¿Cuáles son las causas de esta paradoja en la que el país que se ha desindustrializado para intentar posicionarse como una superpotencia agrícola -fue el exembajador de Estados Unidos en Ucrania, Jeoffrey Pyatt el que usó esa pegadiza frase- es incapaz de suministrar a sus ciudadanos los alimentos más básicos a precios asumibles para la población?

Como es natural, el Gobierno vuelve a escudarse en la explicación de una mala cosecha. Sin embargo, esta versión es evidentemente falsa, ya que, por ejemplo, Bielorrusia, situada en la misma zona climática, sí es capaz de dar a sus ciudadanos patatas. Casualmente, las patatas cuestan en la vecina república la mitad que en Ucrania, que activamente tiene que comprar este importante ingrediente de la sopa borscht al país agresor. Es más, los ucranianos compran patatas a muchos países, entre los cuales están Arabia Saudí, Egipto o Uzbekistán, ninguno de los cuales es conocido a nivel mundial por sus fértiles tierras negras.

“La importación de patatas de Rusia a Ucrania es, en estos momentos, un negocio increíblemente provechoso en Rusia. Según nuestros datos, se pueden comprar por 8-9 céntimos de dólar el kilo, mientras que en Ucrania cuestan cuatro veces más. Incluso a pesar del coste de reexportación a través de Bielorrusia y los costes de transporte, el beneficio para los importadores es muy bueno, lo que significa que las importaciones seguirán creciendo si el precio de las patatas se mantiene”, afirmó Ekaterina Zvereva, diractora de desarrollo de la Asociación de Frutas y Verduras de Ucrania.

De hecho, el aumento de precios de verduras y otros productos básicos se debe a la implementación de esos famosos planes de convertirse en una “superpotencia agrícola”, ya que la agricultura del país se ha centrado crecientemente en cosechas para la exportación y no en las necesidades de los consumidores del país. El cambio de la estructura del mercado agrícola que se ha producido en los últimos años ha llevado al descenso de producción de vegetales en favor de la colza, los girasoles y el maíz, más rentables para la exportación. El área destinada a patatas ha descendido un 20% en los últimos años, lo que determina el aumento de precios en el mercado nacional.

En el país aumenta progresivamente el área dedicada a cereales, pero como el objetivo es, ante todo, venderlo en el extranjero, una cosecha de récord tampoco impide el constante aumento del precio del pan. A ello contribuye también la absoluta inacción del Estado, que no hace nada para impedir que los especuladores aumenten los precios. “Este año hemos vuelto a ver que el Estado ha perdido el control del comercio nacional”, afirmó Oleksiy Doroshenko, director de la Asociación Ucraniana de Productores, que explicó que Ucrania ha dejado de hacer predicciones, estimaciones de reservas y que el Gobierno ha dejado los precios al libre albedrío de las fuerzas del mercado, desinteresándose del poder adquisitivo de la población.

Pero esos no son todos los problemas del sector agrario de Ucrania. La crisis de la agricultura depende de muchos factores, por ejemplo la emigración masiva de las fuerzas de trabajo, que se marchan a los campos de Polonia, lo que supone el abandono de las tierras agrícolas en regiones como Volinia o Polesia, donde tradicionalmente se han plantado las patatas. Además, la idea de la “superpotencia agrícola” inevitablemente supone la degradación del sector agrícola, a excepción del segmento de la exportación, extremadamente rentable y controlado por grandes corporaciones. Esto supone que Ucrania ya no será capaz de dar a sus ciudadanos ni sopa ni carne a precios que no parezcan exorbitantes para la población o sin tener que adquirirlos en el extranjero.

“Hay grandes beneficios en asegurar el estatus de Ucrania como potente exportador de grano, pero Ucrania no es capaz de cubrir las necesidades básicas de su mercado nacional. Si se produce un endurecimiento de las posiciones de las corporaciones agrícolas y las cosechas se dedican a la exportación, se degradará también el sector de la ganadería. Eso lleva a un posterior empeoramiento de la producción agrícola más simple, lo que, sin duda, supondrá que se asiente el actual modelo de estructura de división del trabajo.

Por decirlo en pocas palabras, el sector agrícola, que con los avances técnológicos sería capaz de crear más puestos de trabajo, seguirá declinando. Teniendo en cuenta la legislación y la situación económica, los inversores nacionales y extranjeros crearán cadenas de producción más rentables en la vecina Polonia, abandonando Ucrania como una zona de producción primitiva y reserva de trabajadores, que, en busca de supervivencia, también se marcharán a Polonia.

Que haya trabajadores ucranianos en granjas polacas que venden sus productos a Ucrania no es algo que pueda pasar, es la realidad objetiva y un futuro prácticamente inevitable”, explicó el experto Roman Gubarenko.

El aumento de precios de productos agrícolas no es accidental ni es el resultado de un fenómeno puntual. Los precios seguirán subiendo, ya que la crisis es consecuencia del feo y doloroso sistema económico de dependencia del país, que se deteriora rápidamente, especialmente en estos trágicos cinco años después de Maidan. Un problema lleva a otro, creando un efecto dominó. Tras el colapso de la industria inevitablemente cae la agricultura, lo que afecta directamente a los intereses de los ucranianos ordinarios que, confusos, se ven obligados a estudiar a fondo los precios de los productos en el mercado.

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