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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Gerashenko, Prensa, Propaganda, Rusia, Snezhnoye, Ucrania

El riesgo de documentar la guerra

Artículo Original: Ukraina.ru

Hace cinco años, el 6 de agosto de 2014, cerca de la localidad de Snezhnoe, en la región de Donetsk, perdimos al fotógrafo de la agencia Rossiya Segodnya Andrey Stenin. Era el cuarto periodista ruso que moría en la guerra de Donbass en aquel terrible verano.

El coche en el que conducía Stenin y en el que viajaban otras dos personas se vio bajo el fuego de las bombas ucranianas, fue tiroteado y posteriormente quemado. Entre las cenizas se encontraron los derretidos restos del equipo de un fotógrafo profesional, aunque curiosamente faltaba el teléfono del periodista.

Las circunstancias de la muerte de Stenin no se conocieron inmediatamente y, valiéndose de ese detalle, Anton Gerashenko, asesor del Ministerio del Interior, afirmó que Stenin había sido detenido por las fuerzas especiales de Ucrania. Según Gerashenko, iba a ser acusado de participar en torturas, ya que había fotografiado la “intimidación” a los prisioneros de guerra ucranianos para “desmoralizar y humillar al Ejército Ucraniano y al espíritu de la nación ucraniana que resistía contra los invasores rusos”. Más adelante, en una carta personal enviada a la madre de Stenin, Vera Nikolaevna, el paracaidista Andriy Panasiuk, que fue filmado por Stenin [en una imagen que tanto había enfurecido a las autoridades ucranianas-Ed], escribió: “su hijo no me pegó, no me torturó, solo estaba haciendo su trabajo como fotógrafo. Siento de verdad lo que le ocurrió. Creo que algún día habrá paz”.

Tras la desaparición del fotógrafo y la desinformación de Gerashenko, una serie de organizaciones internacionales por los derechos humanos y organizaciones periodísticas se preocuparon por el paradero de Stenin. Mientras tanto, Anton Gerashenko pedía que no le molestaran con ese tipo de preguntas sobre el destino del periodista ruso. La muerte solo se confirmó tras las pruebas forenses. El 3 de septiembre, Dmitry Kiselev, director de Rossiya Segodnya, informó de la muerte de Andrey: “No fue capturado, no iba a ser intercambiado por militares ucranianos, ni iba a ser acusado de actividades terroristas. Todas las declaraciones sobre el paradero de Stenin que hemos escuchado del lado ucraniano han resultado ser mentira. Murió hace un mes en el coche que conducía haciendo su labor de corresponsal. El coche recibió un impacto directo de un tanque ucraniano en la carretera cerca de Donetsk”. En aquel momento, también el presidente Vladimir Putin expresó sus condolencias a la madre de Andrey Stenin.

Renault Laguna en el que murieron Stenin y sus compañeros

Según la investigación del Comité de Investigación de la Federación Rusa, aquel maldito día, el Ejército Ucraniano abrió fuego con armas ligeras y tanques contra un convoy de refugiados que salía de Snezhnoe. Una docena de vehículos quedaron destruidos, entre ellos el coche en el que viajaba Andrey Stenin. Durante esos meses, la caza de convoyes de refugiados era una especie de “deporte” entre los soldados del ejército y los batallones voluntarios. Según los testigos, al día siguiente, los militares ucranianos inspeccionaron el lugar en el que el convoy había sido atacado, lleno de pertenencias procedentes de los vehículos, e inspeccionaron también los cuerpos. Entonces, para tapar las pruebas de un crimen de guerra y del saqueo de la zona, volvieron a disparar con misiles Grad.

Cuando la actual prensa ucraniana habla de libertad de expresión o libertad de pensamiento, es necesario recordar las lecciones de 2014. De hecho, fue entonces cuando dejó de existir como “cuarto poder” objetivo. Las falsedades, si no ansias de sangre, que mostró gran parte de la prensa generalista ucraniana marcaron la guerra civil en Ucrania. Quienes la instigaron consciente y profesionalmente echaron leña al fuego del odio contra el pueblo de Donbass, contra todo el que se opusiera a Maidan en Ucrania y con entusiasmo jalearon los bulos del oficialismo de Poroshenko, con lo que la cuestión de su responsabilidad moral por lo ocurrido en el país desde 2014 no ha desaparecido de la agenda.

El mayor éxito es aquel de los periodistas que, a ambos lados del frente, pese a los peligros, han encontrado el coraje para decir la verdad. Un ejemplo de esa valía profesional es el fotógrafo Andrey

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