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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Gorlovka, Ucrania

En las trincheras de Gorlovka

Artículo Original: Colonel Cassad

Sobre la vida en la primera línea del frente de Gorlovka. Un reportaje desde el pequeño fuerte, puesto de apoyo cerca de Gorlovka.

Últimamente, las acciones militares en Donbass no han cambiado de forma significativa. La línea del frente se estabilizó tras los acuerdos de Minsk y las partes en conflicto prácticamente no realizan operaciones ofensivas, limitando su actividad al fuego de artillería y mortero. Pero esa es una falsa sensación. En este estado no activo, la guerra continúa según sus reglas no escritas. Nos encontramos en Gorlovka. En el lugar previsto, nos encontramos al comandante de brigada del Primer Batallón de Defensa Territorial de la milicia popular de la RPD, Vladimir Sujodolsky, alias Sujoy. Vestido con moderna protección -casco y chaleco antibalas-, Sujoy nos informa: “aquí hay una zona abierta de 500 metros, por ahí los ucros disparan habitualmente, así que pasen lo más rápido posible hasta que estemos protegidos por el verde.

Avanzamos por la carretera rápidamente por esta zona habitualmente bombardeada. En esta ocasión, el enemigo guardó silencio. En punto fuerte de la unidad de Sujoy se encuentra sobre la llanura, en una colina a la que tenemos que llegar. A lo lejos se ven ya las siluetas de los soldados en su labor habitual de cavar trincheras.

Las posiciones enemigas semirrodean la colina, así que los últimos cien metros hay que hacerlos corriendo y no nos sentimos seguros hasta encontrarnos en las trincheras. En el rocoso suelo, las manos endurecidas de los soldados han construido un pequeño fuerte de verdad. Puede pasar inadvertido, pero dentro hay un completo sistema de trincheras, cuatro capas de bunkers de madera, parapetos y hendiduras cubiertas de reja protectora. “Aquí la roca es sólida, hemos cavado a mano y con pico y pala. Hemos cavado prácticamente hasta la base”, dice Sujoy.

Sujoy fue piloto de combate, miembro de las fuerzas especiales de la Unión Soviética. Sirvió en Nagorno Karabaj, cuenta que “el Komsomol llamó, fuimos allí”. En marzo de 2014, en Gorlovka, organizó una unidad de autodefensa y cuando Strelkov apareció en Slavyansk, se unió a su unidad. Sujoy resultó herido en Semenovka y, tras recuperarse en el hospital, pasó a defender el frente en su ciudad natal. Sobre lo que le llevó a tomar las armas otra vez habla de forma simple, sin eslóganes ni frases hechas: “nací aquí, como mis padres, mi mujer y mi hijo y no quiero que me digan cómo tengo que vivir los idiotas que tomaron el poder en Kiev”.

Habla sobre sus soldados de forma respetuosa, cuenta que la base de la milicia está formada por soldados que se han probado en la batalla, no hay ni postureos ni quejas. Cinco años de guerra de trincheras hacen de su gente verdaderos profesionales.

La zona del frente vive su propia vida. Los soldados tratan de preparar las posiciones, camuflan los emplazamientos y el equipamiento e intentan, en la medida de sus posibilidades, descifrar dónde y cómo hace lo propio el enemigo. De ello depende su vida, ya que en la zona neutral es habitual que se produzcan incursiones de grupos de sabotaje y reconocimiento de las partes en conflicto, que recopilan información y dejan desagradables sorpresas para el enemigo. En esta estrecha franja de tierra hay ahora una activa guerra de fuerzas especiales que no da victorias de perfil alto ni gran bombo en los medios de comunicación.

Según Sujoy, las cosas no han cambiado últimamente. El enemigo ha intensificado los ataques, pero no ha pasado a acciones más decisivas.

Por las tortuosas curvas de las trincheras, llegamos a la posición principal siguiendo a Sujoy. Aquí todo está teñido de la atmósfera de la posición. A lo lejos, dos hombres con pico y pala continúan trabajando el inexorable suelo. En las trincheras hay un lugar de descanso para el turno de noche y junto a los camastros hay un alto y fuerte hombre. Nos presentan a Ambap, natural de Dobropole, ahora bajo control del Ejército Ucraniano. Ambap se fue a la guerra con su padre antes de cumplir los 18 años. Comenzó en Slavyansk y ha pasado por numerosos puntos calientes. El año pasado, frente a él, un francotirador mató a su padre y ahora el joven mantiene a su madre, tres hermanas más jóvenes, su mujer e hijo.

Se levanta pronto y ha visto de todo. Cuenta que lo pasó mal en el aeropuerto. La sangre literalmente fluía bajo sus pies. En las filas del enemigo había mercenarios. Hubo muchos cadáveres allí. Dice que los miembros de los batallones nacionalistas tomaban drogas, algo evidente en las batallas.

“En Golma, recuerdo que vinieron a por nosotros. Disparaban desde lo alto. La distancia es escasa, claramente se puede ver el objetivo. Claramente vi que le había dado, el brazo colgaba de un tendón. Después disparé a las piernas, iba gateando como un zombi”, cuenta Ambap.

El final de las trincheras está cubierto con una enorme capa de vegetación. Aquí está el punto de observación desde el que Baton observa cada movimiento del enemigo.

Baton es de Donetsk y también lleva en la guerra desde el primer día. Antes de la guerra trabajaba en la mina y había conseguido formar una familia. “La guerra es extraña, aquí nos sentamos, sufrimos, jugamos al bádminton. Aquella basura no puede hacer nada más que golpear la ciudad con artillería. Todo vuela por encima de nuestras cabezas y periódicamente nos dejan equipamiento, blindados por ejemplo. Nuestros edificios de pisos altos, un punto de referencia muy cómodo, están todos bombardeados”.

La cura para los ataques enemigos es solo una y no ha cambiado en décadas o siglos: esconderse lo más posible en el suelo, equipar las posiciones y, si es necesario, enfrentarse al enemigo destruyendo su punto de tiro para evitar nuevas provocaciones.

En ningún momento encontramos demasiada exaltación. Aquí se siente el hábito de la rutina y la voluntad del comandante. La brigada es una sola unidad en la que todos conocen su puesto. Nadie se sienta sin saber su labor. Sujoy comenta que existe la sensación de que las cosas pueden empeorar y comenzar una batalla seria. No es ningún secreto que algunos están dispuestos porque están “cansados de estar sentados”. Está seguro de que los soldados, que son los más fuertes, no fallarán. Aquí saben por qué están luchando y no necesitan motivación adicional. Y eso da tranquilidad interior.

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