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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania, Zaitsevo

Un alto el fuego que no lo es

Artículo Original: Kristina Melnikova / EADaily

Donbass vuelve a empeorar: por la noche, incluso en el centro de la ciudad se escuchan los sonidos de los bombardeos y se ven afectadas zonas de la primera línea del frente a las que parecía que había llegado la calma. La semana pasada, el 13 de febrero, había reabierto en Trudovsky el Colegio Número 116. Quedó dañado durante la batalla y se restauró con la esperanza de que, al haber cierta calma, los niños podrían acudir sin riesgo en lugar de estudiar en casa. Sin embargo, el fin de semana, tan solo unos días después de la apertura, una calle paralela fue bombardeada desde Marinka, ocupada por las tropas ucranianas, a plena luz del día: a las cuatro de la tarde.

Varios edificios sufrieron daños. Por suerte, no hubo que lamentar víctimas, aunque, teniendo en cuenta la hora del bombardeo, podría haber ocurrido. “Estaba vistiendo a mi madre, está en cama, no puede andar. Y entonces escuché una explosión, algo había golpeado los cristales y todo el espacio entre un edificio y otro se llenó de humo. Hubo mucha suerte de que en ese momento la calle estuviera vacía, ¿no cree?”, explica Victoria Ilinincha. Lo mismo comenta su vecino, Alexander Anatolievich: un proyectil impactó en su cobertizo destruyendo el tejado.

“Retumbó todo, luego hubo una explosión y todo se llenó de humo. Durante un buen rato no dejaron de disparar”, cuanta Svetlana, dueña de otra de las casas que se vio afectada.

A las tres y a las cuatro de la tarde está bastante de día en esta época del año. Las calles están vivas. Los estudiantes vuelven de clase, de las actividades extraescolares. Los adultos vuelven del trabajo y van a comprar o simplemente pasean por la calle. En la plaza trabajan los operarios: cortan el césped, podan los arbustos, retiran hojas secas y otros restos que se hayan acumulado. En Donbass ya hace buen tiempo y en la ciudad, e incluso en las zonas del frente, la población se prepara para recibir la primavera como se merece.

María Viktorovna, que trabaja en los servicios municipales, afirma que recientemente los ataques se han convertido en regulares. “Ahora vuelven a atacar a menudo. Por lo que se dice, muchos lo relacionan con las elecciones en Ucrania. Mis compañeros y yo creemos que necesitan crear más tensión, empeorar la situación para jugar sus juegos políticos. Y nosotros simplemente vivimos aquí, no tenemos dónde ir, no tenemos familia, sobrevivimos por nosotros mismos. No hay dónde esconderse durante los bombardeos. Si hubiera paz, no pediría nada más. Aquí tenemos trabajo, al menos da para comer. Y tenemos transporte, que en 2014 no había”, cuenta la mujer. Ahora, María vive con una amiga, porque su casa está completamente destruida. En un intervalo de unos pocos días cuando la guerra estaba en su peor momento, sufrió tres impactos directos.

Ahora comienzan a volver a casa los alumnos del Colegio 116 que acaba de reabrir. A la pregunta de si se les hace raro, los chicos, intentando impresionar a una chica que pasa por allí, responden que “no pasa nada”, y dicen que “no hay miedo. Bueno, los bombardeos dan un poco de miedo”. “No les hagas caso, con los bombardeos tenían mucho miedo”, aclara la chica.

La situación es algo mejor que en otras zonas. La semana pasada una anciana resultó herida en las afueras de Gorlovka. El pasado viernes, la administración de Zaitsevo (en la zona de Gorlovka) afirmó que, a partir de las 3 de la tarde, es mejor no moverse porque a esa hora comienza el bombardeo. El frente allí está tan cerca que, para que haya consecuencias graves, no hace falta que haya un bombardeo de artillería: es suficiente una bala perdida. “Hace unos días, mi madre pasó todo el día bajo la valla. Disparaban constantemente y no podía llegar a casa, a apenas diez metros”, cuenta la mujer.

Ese mismo estrés constante se vive también en la zona sur de la RPD. En la localidad del frente de Kominternovo (las posiciones ucranianas están a apenas un kilómetro del centro del pueblo), el Ejército Ucraniano destruyó hace una semana la única tienda que suministraba productos básicos a los residentes. Ya había sufrido daños, incluso un impacto directo, pero la tienda había seguido trabajando. Pero ese último ataque nocturno fue definitivo: la tienda está destruida. Por suerte, no hubo víctimas, porque a esa hora la tienda estaba cerrada.

Lo aterrador no es solo que continúen los bombardeos, sino que son la rutina: se han convertido en la norma y, en ocasiones, no se toman en serio. Por una parte, es comprensible, ya que es difícil distinguir los partes de guerra actuales de los de hace dos años. Pero la consecuencia es que quienes antes habían apoyado fervientemente a Donbass y seguían las noticias a diario han bajado los brazos. Sin embargo, es ahora, cuando se ha perdido la vista de los objetivos, cuando Donbass requiere más ayuda y más implicación.

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