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¿Por qué Donbass no quiere volver a Ucrania?

Artículo Original: EADaily

En las redes sociales se pueden encontrar posts de usuarios que se preguntan cosas como: “¿por qué la población de la RPD y la RPL no quiere volver a Ucrania? Eso significaría que ha acabado la guerra” o “¿Por qué la población de Donbass tiene miedo a la reunificación con Ucrania si Kiev cumple los acuerdos de Minsk? En ese caso, sus derechos estarían protegidos”. Es relativamente sencillo responder a la primera pregunta. Ucrania, tal y como existía antes de 2014, ya no existe. En su lugar hay un Estado basado en los principios del odio. Como un motor de combustión que requiere gasolina para funcionar, la actual Ucrania funciona a base de un odio que hace funcionar las ruedas del Estado. El odio a Rusia, a los residentes de Donbass, a quienes han crecido con una ideología internacionalista o tienen un punto de vista de izquierdas: eso es lo que mantiene vivo al régimen de Kiev. ¿Es posible volver a un país dominado por el odio?

Puede que quienes hacen esas preguntas crean que los residentes de las regiones de Donetsk y Lugansk no tienen memoria a corto plazo. En la serie Juego de Tronos se repite más de una vez la frase “el norte recuerda”, que se refiere a la memoria colectiva de los habitantes de la vasta región. Se puede decir también “Donbass recuerda”. Recuerda a los niños muertos por las bombas y las balas ucranianas, las viviendas destruidas, las violaciones de los “libertadores ucranianos”, los saqueos por parte del Ejército Ucraniano y los batallones nacionalistas, que se llevaron todo lo que tenía la población en las localidades que ocuparon en 2014. Donbass lo recuerda todo. Y no lo va a olvidar.

La segunda cuestión requiere una respuesta más detallada. Empecemos por el hecho de que los acuerdos de Minsk no son más que una ilusión. Desde febrero de 2015 no se ha cumplido completamente uno solo de los puntos del acuerdo. Y Ucrania hace todo lo que está en su mano para no aplicarlos. Pero imaginemos un hipotético escenario en el que el régimen de Kiev, bajo presión de Occidente, se ve obligado a implementar los acuerdos de Minsk. ¿Garantizaría eso la seguridad, los derechos y las libertades de los residentes de Donbass? Creo que no.

En parte, eso se debe a la ambigua redacción de Minsk-2. Por ejemplo, el primer punto del acuerdo garantiza la participación de los gobiernos locales en el nombramiento de fiscales y jueces en “ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk”. Sin embargo, no se precisa cómo debe producirse esa participación. En teoría, si el Parlamento de Ucrania adoptada una ley según la cual Kiev informaría del nombramiento de los fiscales locales, eso podría interpretarse como “participación”. Lo mismo ocurre con gran parte de los puntos de los acuerdos de Minsk.

Imaginemos, por un momento, que la Ucrania de Maidan hace lo inimaginable y nombra a fiscales y jueces de acuerdo con las autoridades locales. Incluso en ese caso, ¿no dependerían los fiscales de sus superiores y los jueces del Consejo Superior de Justicia y del Parlamento? Es un hecho. Lo que significa que, si fuera necesario, Kiev siempre podría influir sobre estas personas o retirarlas del puesto. Nadie dice que sea necesario un acuerdo para hacerlo. O, por ejemplo, tampoco se especifica cómo se nombrará a los altos cargos de la policía regional. Solo se habla de la creación de una policía regional. Así que las fuerzas del orden seguirán bajo estricto control de Kiev. Además, no hay que olvidar que Minsk-2 no garantiza autonomía para las regiones de Donetsk y Lugansk sino un régimen especial de autogobierno local en ciertas zonas. Así que la administración regional sería el máximo poder en las regiones de Donetsk y Lugansk.

Sin embargo, el undécimo párrafo de Minsk-2 contiene una provisión que obliga a Kiev a realizar una reforma constitucional en la que el elemento principal sea una descentralización que tenga en cuenta las particularidades de las regiones de Donetsk y Lugansk. Y esa reforma debería estar coordinada con los representantes de Donbass. El problema es la ambigüedad del término descentralización. En este caso, la incorporación en la Constitución de Ucrania de la ley de “estatus especial” ya podría interpretarse que se ha producido la descentralización, ya que se ha transferido autoridad a unidades territoriales. Además, aunque la carta magna de Ucrania incluya elementos reales de descentralización, eso no quiere decir que vayan a ejecutarse verdaderamente, que no vayan a ser más que una fachada para el régimen de Kiev anuncie que ha cumplido con sus compromisos.

¿Por qué es importante quién controlará la fiscalía y la policía? ¿Por qué es importante si habrá una verdadera descentralización? Es importante porque de ello dependerían las vidas, derechos y libertades de cientos de miles de residentes de Donbass. Solo hay que ver lo que ocurre hoy en día en la Ucrania de Maidan para comprender lo que les esperaría a los residentes de Donbass si la región volviera a encontrarse bajo control banderista. Por ejemplo, el 23 de septiembre, nacionalistas de Lviv apuñalaron y apalearon a sus oponentes políticos del grupo anarquista Bandera Negra. Veinte hombres apalearon brutalmente a cuatro personas, dos de ellas mujeres. Uno de los chicos recibió una puñalada en el corazón y tuvo que ser ingresado en cuidados intensivos. Los demás recibieron puñaladas y golpes con bates de beisbol. Bandera Negra se hizo conocido por la protesta anti-Nazi tras el pogromo contra un campamento romaní cerca de Lviv. No es la primera vez que los nacionalistas radicales -en realidad son Nazis- atacan a sus oponentes políticos o agreden a personas por motivos éticos en la ciudad. Las agresiones contra campamentos romaníes se han convertido en una terrorífica tradición en Ucrania. La prensa de izquierdas de Lviv afirmó, tras la agresión, que los nacionalistas trabajan en cercana sintonía con la policía, por lo que pueden evitar responsabilidades penales.

Pero no solo la izquierda está en peligro en Ucrania. Antiguos manifestantes de Maidan, fuerzas de choque del régimen de Poroshenko, también están en peligro. Antiguos soldados contra el “sangriento régimen” de Yanukovich incluso celebraron, el 27 de septiembre, una protesta ante la administración presidencial para llamar la atención sobre los ataques contra activistas de Euromaidan. Por ejemplo, en julio la activista de Jerson (pro-Maidan) Ekaterina Gandziuk sufrió un ataque con ácido sulfúrico. También en verano, fue asesinato Vitaly Oleshko, que participó en la guerra contra Donbass. En Odessa, el activista Oleh Mijailik fue apaleado en septiembre por antiguos miembros de Azov. Si Ucrania les trata así a ellos, ¿qué pueden esperar los residentes de Donbass? Por ejemplo, el presentador de televisión de Lviv Ostap Drozdov afirmó que la población de Donbass es maligna, enferma, está absolutamente arruinada. Y no es el único que piensa así en Ucrania.

Volvamos a imaginar la situación. Ucrania cumple con los acuerdos de Minsk y Donbass regresa, con una autonomía de facto, con la posibilidad de que las autoridades locales participen en el nombramiento de fiscales y con derecho a una policía regional. Entonces llegarían a Donetsk y Lugansk los “trenes de la amistad” con matones Nazis, como ocurrió en 2014 en Odessa. Los radicales se pasearían por las calles cantando y provocando a la población local, asesinado a los defensores de la RPD y la RPL. Y nadie les pararía porque la policía estaría bajo el control de Kiev. Los residentes de Donbass se resistirían a los Nazis, lo que daría pie a Kiev para intervenir y enviar efectivos a las ciudades de Donbass ahora que ya no habría línea del frente y la milicia se habría ido a casa. La policía formada por los ayuntamientos no sería capaz de ofrecer resistencia al ejército. Y entonces comenzaría una sangrienta limpieza. El castigo sería judicial y extrajudicial. Los fiscales y jueces estarían presionados para enviar a prisión a los oponentes del régimen. Pero muchos más sufrirían por la extrajudicial violencia de los Nazis.

Efectivos del ejército y los batallones nacionalistas tomarían el papel de los Sonderkommando y destruirían a todo el que participó en la milicia o mostró su apoyo. Entonces desaparecería el estatus especial y la región sufriría una total y violenta ucranización. Se repetiría la historia del coronel Sandino y sus seguidores. Solo que allí las víctimas fueron unos cuantos miles de sandinistas y en Donbass el número de víctimas en potencia es de cientos de miles. A eso hay que añadir los millones de vidas destruidas. La población de la RPD y la RPL comprende esto perfectamente y no se hace ilusiones. Saben que, tras el 2 de mayo de 2014, Ucrania no existe. En su lugar apareció un estado banderista.

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