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Nuevos vikingos

Artículo Original: Andrey Manchuk

El 23 de septiembre, representantes de organizaciones nacionalistas agredieron a antifascistas de Lviv que, sin molestar a nadie, jugaban al fútbol en uno de los barrios de la ciudad. Una veintena de miembros de la extrema derecha cercanos al Corpus Nacional de Azov atacaron brutalmente a cuatro anarquistas. Las víctimas, dos chicas y dos chicos, fueron apuñalados. Uno de ellos precisó de respiración asistida y tuvo que ser sometido a una operación delicada.

Este ataque ha recibido cierta cobertura en la prensa ucraniana, principalmente porque las imágenes de los ensangrentados anarquistas se distribuyeron rápidamente por internet. Sin embargo, la policía local trata el caso como un simple incidente de hooliganismo. Según los anarquistas de Lviv, la policía está en constante contacto con la extrema derecha, que actúa con impunidad sea cual sea el crimen: como el asesinato de un miembro de la comunidad romaní en junio o el apuñalamiento de un policía local, en ambos casos crímenes cometidos por neonazis locales.

El mismo día, en el marco de la feria del libro “Bookforum” en Lviv, se presentó el libro de Roman Ponomarenko “Vikingos ucranianos: los ucranianos de la división SS Viking. Julio-noviembre de 1944”. La introducción a esa obra habla con entusiasmo de que, en vísperas de la derrota militar, el comando Nazi utilizó como carne de cañón a miles de voluntarios ucranianos a los que dio el privilegio de morir por el Führer luchando contra los soldados ucranianos del Ejército Rojo que avanzaban hacia el oeste.

“Fue un caso único en la historia de la Segunda Guerra Mundial, cuando soldados eslavos ucranianos fueron enviados como reemplazo a la división de élite de las SS junto a soldados alemanes y de otras nacionalidades europeas y se les permitió vestir la insignia ucraniana, algo sin precedentes. También pudieron hacer el juramento de luchar por una Ucrania libre. En las filas de Viking había soldados ucranianos que habían recibido instrucción militar en septiembre de 1944 y que habían luchado en el frente contra el Ejército Rojo”,  explicó con entusiasmo a un periodista el autor del libro intentando a toda costa idealizar la imagen del soldado alemán.

Portada del libro de Ponomarenko

Esa división de las SS, con una cruz Nazi en su escudo y en la que sirvió el mismísimo Joseph Mengele -el médico Nazi conocido como doctor muerte que realizó espantosos experimentos con prisioneros de Auschwitz-, se presenta ante los lectores del libro como una gloriosa subdivisión de heroicos luchadores contra el bolchevismo, entre los que se incluía a ucranianos nacionalistas. Sin embargo, es fácil imaginar cuántas vidas ucranianas se llevó la división SS Viking, que luchó en todo el territorio de Ucrania: desde Donbass a Járkov y Yitomir y Cherkassy.

El resultado de esta propaganda se pudo observar el día anterior, el 22 de septiembre, en la base del regimiento Azov cerca de Mariupol. Armados hasta los dientes, los Nazis -hermanados con Lazarus en Lviv (grupo que atacó a los anarquistas)- jugaron a ser vikingos, simulando los ritos funerarios al estilo escandinavo. Todo ello se realizó en un escenario construido para la ocasión y adornado con estatuas de madera en forma de espadas vikingas.

“No tuvo ningún misterio. La cara de los soldados estaba iluminada por luces y antorchas. Bajo la música épica desfiló el grupo. En cada escudo estaba el nombre de un voluntario caído. En la pantalla gigante se mostraron las fotos de cada fallecido y por megafonía se explicó brevemente las circunstancias de su muerte. Además de los caídos ucranianos, se mencionaron también los nombres de los voluntarios rusos, georgianos y suecos en las filas de Azov que han caído en las batallas contra el régimen del Kremlin. Después de mencionar el nombre de cada soldado caído, se alzó el escudo y se gritó ¡Recuerdo!, a lo que el resto respondieron ¡Venganza!”, explicó el regimiento, tras lo cual se escucharon las salvas de cañones”, describieron los periodistas locales. El grupo de extrema derecha Azov nunca ha escondido su admiración por esa herencia pagana basada en la tradición Nazi que lleva directamente a los “Vikingos” de las SS.

No hay duda de que el nuevo libro encontrará un nicho de mercado, especialmente teniendo en cuenta que el autor es conocido por sus simpatías con los gloriosos héroes arios que llegaron para liberar Ucrania en los años cuarenta. Hace no mucho, el mismo autor publicó en la web de Istoricheskaya Pravda (Verdad histórica) un artículo titulado “La creación de la División Galizien como proyecto político y opción de civilización”, que apoyaba sin ambigüedad alguna la colaboración con los invasores alemanes alegando que supuestamente “garantizaba la creación de un futuro Estado ucraniano en la Nueva Europa”.

“Con su participación en la lucha contra los bolcheviques, los ucranianos probaron que su nación ocupaba un lugar especial en la familia europea y que merecía un futuro digno. Los Nazis reconocieron ese derecho”, afirma en ese artículo Ponomarenko. Hay que recordar que la política de revisionismo histórico inicialmente se planteó en Ucrania bajo el eslogan de objetividad y rigor histórico, contra los “heroicos mitos soviéticos” y la supuestamente parcial aproximación a los hechos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el objetivo real de esta política siempre ha sido promocionar la mitología nacionalista, indudablemente parcial y sin ningún interés por la objetividad. Hoy en día eso se ha conseguido y es por ello por lo que vemos en festivales literarios de Lviv un libro enalteciendo a los hombres de las SS que lucharon contra el Ejército Rojo, en el que lucharon millones de ucranianos. De ellos ya solo se habla en términos negativos y su memoria está siendo borrada por la descomunización por medio del borrado de calles, vandalismo en las tumbas y demolición de los monumentos. Mientras tanto, los miembros de las organizaciones criminales como las SS son presentados como el bando “proucraniano” correcto en la Segunda Guerra Mundial.

Esos libros abiertamente enaltecen el nazismo, especialmente ante los jóvenes. Sin embargo, no están sujetos a la censura política, al contrario que muchas inocentes publicaciones que nada tienen de político, prohibidos oficialmente acusados de ser propaganda del Kremlin. La heroica épica de los “Vikingos” de Hitler se promociona activamente en nuestra sociedad, perdida en la grotesca locura nacionalista.

¿Puede sorprender que en este contexto crezcan personas capaces de apuñalar a sus conciudadanos, como ocurrió el otro día en Lviv?

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