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A pesar de los patriotas profesionales

Artículo Original: Andrey Manchuk

La fase final del Mundial suele ser un éxito de audiencias televisivas. Cada uno de los partidos, que ahora se celebran en Rusia, es visto por millones de personas en diferentes rincones del planeta. Por supuesto, Ucrania no podía ser la excepción. Los intentos de prohibir la emisión del torneo en el “país agresor” -como el Parlamento de Ucrania ha definido a Rusia- han fracasado. El Mundial se retransmite prácticamente en cada restaurante, café o pub de las principales ciudades. Puede verse siguiendo la emisión del canal de televisión Inter y, según los datos, las batallas en los estadios rusos en la fase de grupos del torneo han liderado las audiencias en Ucrania. Y todo ello ocurre pese a las exigencias de boicotear el Mundial repetidas por los representantes de los ucranianos nacionalistas.

El partido entre España y Rusia también se siguió en toda Ucrania, al margen de las posiciones políticas de algunos habitantes. Y la reacción al resultado vuelve a mostrar que muchos ciudadanos del país están cansados de este juego. En YouTube se han publicado numerosos vídeos de Odessa en los que se puede apreciar a residentes de la ciudad jaleando tras la victoria del equipo ruso, abrazándose y celebrando la victoria.

“Cuatro años de persecución total por todas partes: organizaciones nacionalistas, el SBU, nuestros chicos en ATO, la prensa ucraniana, acoso generalizado, etc. Y entonces aparecen vídeos de la gente en los que los odessitas están animando a Rusia en el Mundial. Gritan sin avergonzarse. Adoro mi ciudad”, escribió en Facebook la bloguera Maria Bilchak acompañando a uno de esos vídeos.

Las redes sociales se han llenado de emocionados comentarios de Járkov, Dnipropetrovsky, Mariupol o Zaporozhie en los que los autores hablando de los entusiasmados cánticos en la ciudad y las quejas irónicas sobre los vecinos nacionalistas llamando al SBU para denunciar a sus vecinos y amigos celebrando en el patio o incluyéndolos en la base de datos de Mirotvorets.

“Inmediatamente después de la tanda de penaltis, Saltovka echaba chispas, como si fuera año nuevo. Lanzaron fuegos artificiales. En el patio gritaba todo el mundo delante de la televisión, ha sido así toda la noche. La policía estaba patrullando, pero no ha hecho nada. Creo que los agentes también estaban contentos”, escribió en Járkov Alexander Jodenko, que describía prácticamente un festival.

Se escucharon gritos de celebración incluso en Kiev. “Cerca de la estación de metro Minskskaya, se ha producido una traición futbolística. Después del partido de Rusia, jóvenes bebían y entonaban cánticos sobre Akinfeev [el portero ruso]. Los taxistas tocaban la bocina como venganza”, escribió Olga Korjizk, residente del barrio. Informaciones similares sobre “muestras de traición” desde otros muchos barrios, incluido Pechersk [centro histórico de Kiev].

Hablaban entre ellos sobre el España-Rusia incluso los patriotas ucranianos, los mismos que habían exigido a sus compatriotas que boicotearan el torneo. “Casi toda la información que tengo del fútbol en Moscú procede de los posts de la gente que escribía que iba a ignorar el fútbol.  Hitar Petar también le aconsejó al estúpido usurero Jafar que se olvidara del mono blanco. Y eso tampoco funcionó”, comentaba con sarcasmo el diputado de “Udar” Vitaly Chepinoga.

“El sector patriótico de la red está molesto porque durante la guerra con Rusia demasiados ciudadanos de Ucrania celebran las victorias del equipo ruso, ignoran el boicot del campeonato y se comportan como absolutos traidores: incluso ven series y películas rusas en el autobús. Los niños están tristes porque otros niños en el parque no comparten su entusiasmo por el boicot y por el odio”, escribió el experto militar Alexey Arestovich.

¿Qué significa este interés generalizado por los partidos en los que participa el equipo nacional de Rusia y lleva a hechos como los del domingo? Pese a todas las veces que las autoridades de Ucrania se han despedido de Rusia, los ciudadanos del país siguen sin percibir a ese país como un extraño. No lo tratan con indiferencia, especialmente por la hostilidad de los patriotas profesionales.

No todos los ucranianos que disfrutaron con la victoria de Rusia contra España defienden a las autoridades rusas. Por ejemplo, un nacionalista se quejaba indignado de que el partido del Luzhniki estaba siendo seguido por los miembros de ATO, que incluso se hicieron eco del resultado.

Muchos de los aficionados que se siguen al equipo ruso están lejos a nivel político. Pero sus simpatías seguían estando con el equipo de Cherchesov, lo que demuestra que, pese a todos los intentos de hacer extender el odio a los rusos presentándoles, no como un pueblo hermano sino enemigo, los ucranianos aún siguen viendo a Rusia como uno de los nuestros, y están dispuestos a compartir una alegría común causada por el fútbol.

Hay que decir que no es la primera vez. En febrero, cuando el equipo de hockey de Rusia ganó el oro olímpico al derrotar a Alemania en la final, muchos ucranianos también mostraron su felicidad y, según apuntaron los reporteros, se veían en la ciudad muchas luces encendidas porque los residentes de la capital se habían levantado a altas horas de la noche para ver la final de Corea del Sur en directo. A pesar de que la prensa patriótica se había reído cada día de los rusos explotando el asunto del dopaje.

El deporte moderno está constantemente expuesto a críticas que son justas, pero la competición global tiene también una parte positiva y ayuda a acercar a personas de diferentes países y continentes, destruyendo la propaganda creada por los prejuicios y rompiendo estereotipos creados artificialmente. Sin embargo, decir que el deporte une a rusos y ucranianos tampoco sería completamente exacto. El apoyo a la selección rusa muestra que el pueblo de los dos países se ha mantenido cercano y la mayor parte de los ciudadanos de Ucrania sigue comprometido con tener una relación pacífica y de buena vecindad con sus vecinos del este, animándose unos a otros en el campo de fútbol y no luchando en el frente.

Además, este apoyo es una forma de expresar el desacuerdo con la política que las autoridades han llevado con respecto al campeonato. Es evidente que una gran cantidad de ciudadanos ucranianos apoyan a la selección rusa desafiando a su presidente, ministros y diputados. En esta situación, el simple hecho de ver el mundial se convierte en una especie de reto al dictado nacionalista. Pero también muestra el potencial para la normalización de las relaciones entre Rusia y Ucrania que se acumula en nuestra sociedad, claramente cansada de un odio despiadado y sinsentido impuesto desde arriba.

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