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Poco interesados en la verdad histórica

Artículo Original: Andrey Manchuk

Tomándose un respiro de las exitosas reformas, el Parlamento de Ucrania está considerando el tema de cambiar el nombre a la ciudad de Pereyaslav-Jmelnitski, un pequeño centro de distrito situado al sur de la región de Kiev. Los diputados pretenden retirar la segunda parte del nombre, que se añadió en 1943, justo después de la liberación de la ciudad. En aquel momento, el nombre era un homenaje a la Rada de Pereyaslav de 1654, formada por representantes del ejército de cosacos de Zaporozhie, durante la cual Bogdan Jmelnitski firmó una alianza política con Moscú y juró lealtad al zar.

El nombre del Hetman fue muy popular en la historiografía soviética de los años de la guerra. Las autoridades soviéticas llamaban jmelnitsina la guerra de los pueblos ucraniano y bielorruso intentando hacer un paralelismo entre el levantamiento cosaco y la lucha por la liberación de Ucrania de los invasores Nazis y también para realzar los lazos históricos entre Bielorrusia, Rusia y Ucrania. La clásica película “Bogdan Jmelnitski” ganó en 1942 el premio Stalin de primer grado y durante la guerra se creó la orden de Bogdan Jmelnitski, una de las condecoraciones militares más prestigiosas. Es suficiente decir que la orden de Jmelnitski era superior a la orden de Suvorov y era la única condecoración soviética con inscripción en lengua ucraniana. Participaron personalmente en la creación de la orden el director Alexander Dovjenko y el poeta Nikolay Bajan.

La decisión de añadir Jmelnitski al nombre de la ciudad se tomó de esta manera. Según algunas versiones, fue Nikita Jrushchov, que se preparaba para liderar la República Socialista Soviética de Ucrania en las partes que habían sido liberadas de la ocupación Nazi. No puede sorprender que el público patriótico esté considerando cambiar el nombre de Pereyaslav-Jmelnitski como una lógica continuación de la descomunización. Además, con los monumentos a Lenin y otros líderes soviéticos ya desaparecidos hace tiempo, las autoridades locales buscan distraer a la población de problemas como que se muere la ciudad, donde apenas viven 27.000 personas: los jóvenes y aquellos en edad de trabajar se marchan en busca de trabajo a la capital.

El Consejo Local ya votó a favor de desbogdanizar Pereyaslav hace un año, con el voto de los partidos nacionalistas, que inmediatamente retiraron el Jmelnitski de la señal a la entrada de la ciudad. Oficialmente se justificó por el deseo de regresar al nombre histórico de la ciudad, pero en realidad consideraron el cambio de nombre otro “adiós a la Unión Soviética”, como suele decir en estos casos Petro Alexeyevich Poroshenko.

Sin embargo, la idea de la lucha contra el nombre de Bogdan Jmelnitski preocupa incluso a representantes de la actual coalición, que comprenden que el proceso de reformatear de forma militante la memoria histórica ha ido demasiado lejos y no se limita a la herencia soviética. “En la agenda del Parlamento está cambiar el nombre a Pereyaslav-Jmelnitski. La segunda parte del nombre debe ser eliminada, Jmelnitski en el fondo era un comunista y agente de Putin. Pero no podemos detenernos aquí. Aparentemente, ahora es necesario retirarle el nombre a la ciudad de Jmelnitski, a la calle Jmelnitski en Kiev (y recuperar el nombre anterior), retirar el busto de Jmelnitski y colocar uno más políticamente correcto y girar el caballo para que mire hacia el otro lado. En Kiev la temperatura es Fahrenheit 451”, comentó irónicamente en Facebook el diputado del Partido Radical Igor Popov, mencionando la famosa novela de Ray Bradbury que describe la vida en una sociedad totalitaria totalmente regulada.

Sin embargo, esa ironía puede convertirse en una aburrida realidad. Recorre por Ucrania el espectro de la desbogdanización del país. El proceso que se ha iniciado no se puede parar. El proceso sin fín de demoliciones y cambios de nombre, en el que participan todo un equipo de historiadores y activistas nacionalistas, continuará y necesita nuevas víctimas.

En estos momentos, las víctimas son las figuras de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, en Lviv se prepara la demolición del Monumento a la Gloria. Inna Ivanochko, que se resiste a la demolición, fue rociada con pintura verde inmediatamente después de ganar en el juzgado y al día siguiente, los nacionalistas pintaron insultos sobre la tumba del almirante Nikolay Kuznetsov. Mientras tanto, en Kiev se prepara la descomunización de más calles, en este caso la que homenajeaba al famoso comandante partisano soviético Alexander Saburov, mientras el público patriótico sigue exigiendo que se haga algo con la tumba del general Vatutin y el Arco de la Amistad de los Pueblos, que está dedicado a la misma Rada de Pereyaslav.

Con el tiempo, llegarán a Jmelnitski, lo que demuestra que los patriotas ucranianos no conocen la historia de su propio país. Cualquier historiador imparcial sabe que la figura del Hetman no tenía nada de pro-ruso. Era la representación de una era turbulenta: un político hábil, diplomático con recursos y experimentado conspirador que luchó y trabajó con líderes de todos los países de su entorno. Su familia procedía del oeste de Ucrania. El joven Bogdan estudió en un colegio de jesuitas de Lviv. Sabía latín y polaco y viajó por toda Europa, donde participó en guerras del lado de Francia. Con el ejército polaco, Jmelnitski atacó Smolensk y Moscú y recibió la espada de oro de manos del hijo del rey, el futuro Vladislav IV, a quien honró hasta su muerte. Incluso tras el tratado de Pereyaslav siguió en contacto con el rey sueco Carl X, a pesar de la hostilidad de Estocolmo hacia Moscú.

El instituto de Vyatrovich -que curiosamente apoya el cambio de nombre de Pereyaslav- podría hacer de Jmelnitski otra figura mediática que representara las aspiraciones europeas del pueblo ucraniano. Sin embargo, los nacionalistas están poco interesados en la verdad histórica. Necesitan más objetos contra los que luchar, así que no sorprende que en la página web del presidente ya se haya registrado una petición para que la ciudad de Jmelnitski (en el oeste de Ucrania) recupere su nombre histórico: Proskurov, conocido a nivel internacional por el trágico pogromo de Proskurov, organizado por los seguidores de Petliura. La desbogdanización no ha hecho más que empezar.

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